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Un equipo de biólogos logra criar en cautividad la primera camada de autobuses urbanos

Los cachorros se alimentan de diésel tibio y billetes triturados mientras aprenden a frenar en las paradas sin morder a los pasajeros.

Foto de archivo: microscope
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: fernandozhiminaicela / Pixabay

SAN MIGUEL DE LAS ROTONDAS, Tras más de cinco años de cruces genéticos fallidos y noches sin dormir en el laboratorio municipal, un equipo de biólogos ha criado en cautividad la primera camada de autobuses urbanos de la península. El hallazgo, publicado hoy en la revista del gremio de talleres mecánicos, pretende cambiar el transporte público con vehículos enteramente orgánicos: nacen, crecen y, en ocasiones, pastan en las zonas verdes del municipio. Han nacido tres cachorros articulados, de pelaje amarillo chillón. Permanecen en la incubadora del ayuntamiento, donde toman diésel tibio y billetes sencillos triturados.

El doctor Fermín Embrague, responsable del proyecto y especialista en zoología automovilística, describe una gestación delicada. Mantuvieron los huevos de chasis a treinta grados constantes con las mantas térmicas de los operarios de obras públicas y el calor que desprendía una máquina expendedora de café. No había margen para errores. La eclosión dejó a la comunidad científica local al borde de las lágrimas, entre expectación y olor a tubo de escape.

«Es un milagro de la biología contemporánea que nos ahorrará millones en licitaciones de flota», declaró Embrague mientras acariciaba el parachoques de uno de los recién nacidos. «Al nacer apenas miden como un patinete eléctrico, pero ya pitan por instinto a los jubilados que cruzan despacio. Son criaturas majestuosas. Aún se asustan con el camión de la basura y entonces abren todas las puertas».

“Al nacer miden lo mismo que un patinete y ya tienen el instinto de pitar a los jubilados” — Doctor Fermín Embrague, experto en zoología automovilística

El problema empieza después de nacer. Los autobuses adolescentes se han negado a seguir las rutas circulares previstas y han adquirido una rebeldía difícil de encajar en los horarios municipales. Por las noches salen de las cocheras para cazar motocicletas incautas. También escarban en el asfalto recién extendido en busca de lombrices de fibra óptica. El equipo ha contratado a un etólogo canino para enseñarles a frenar en las paradas mediante golosinas de anticongelante.

La situación ha dividido al barrio. Doña Purificación Asientos, presidenta vitalicia de su comunidad de vecinos, presentó ayer una queja en el registro municipal porque los autobuses salvajes marcan territorio en los contenedores de reciclaje. Dice que no puede echar la siesta: los cachorros aúllan en la parada durante las tardes de lluvia hasta que alguien enciende la calefacción del habitáculo.

Con la convivencia ya deteriorada, el ayuntamiento ha propuesto un programa de apadrinamiento. Cada familia podrá sacar a pasear a un microbús durante el fin de semana. Tendrá que acreditar una plaza de garaje donde el animal pueda estirar los neumáticos y llevarlo al veterinario para los cambios de aceite obligatorios y la vacuna contra la rabia del conductor.

Si el experimento funciona y los autobuses aprenden a cobrar el billete sin morder a los pasajeros, el departamento de ciencias ampliará el programa de cría. El siguiente proyecto es más ambicioso y también más discutido: cruzar el genoma de un tren de cercanías con el de un ciempiés gigante. Los expertos esperan aliviar la capacidad en hora punta. Queda por resolver lo del revisor.

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