Las rapaces de Sevilla convierten una planta solar en un resort de lujo con bufé libre
Seis especies de aves depredadoras exigen albornoz, hamacas de silicio orientadas al sur y reposición diaria de topillos en el minibar del parque fotovoltaico.

SEVILLA, La planta fotovoltaica que la Universidad de Málaga documentó como refugio de seis especies de rapaces ha dejado la producción de energía en segundo plano. Ahora funciona como complejo vacacional de cuatro estrellas y todo incluido. Águilas calzadas, milanos y cernícalos se han instalado sobre unos paneles pensados para inyectar electricidad en la red andaluza. Aprovechan la inclinación de los módulos para tomar el sol y vigilar el bufé campestre desde arriba.
El problema empezó temprano. Según el personal de mantenimiento, las aves madrugan para reservar sitio y dejan ramas sobre las placas de silicio. «A las ocho de la mañana ya tienen pilladas todas las hileras orientadas al sur. Si intentas retirar una ramita para limpiar, te baja un aguilucho cenizo en albornoz y te dice que su cuñado está al caer», relata Toribio Mancebo, electricista de guardia de la subestación.
Luego llegaron los servicios. El calor que desprenden los transformadores subterráneos se usa como spa termal para desparasitar plumajes. Entre las hileras, la hierba segada ha quedado para los saltamontes, que disponen de pista de recreo sin haberla solicitado. Por la noche, varios mochuelos hacen reparto a domicilio: llevan ratones de campo templados a cambio de tres grillos de propina.
“Te baja un aguilucho cenizo en albornoz y te dice que su cuñado está al caer.”
Con tantas comodidades, aparecieron las discusiones de vecinos. En la última junta extraordinaria de la hilera catorce, un cernícalo primilla impugnó la derrama para segar la maleza. Sostuvo que las águilas acaparan las vistas al arroyo y tiran cabezas de conejo al patio de luces de los inversores. Tras dos horas de graznidos, no hubo acuerdo. El presidente de la comunidad, un ratonero, presentó la dimisión porque el papeleo se le había ido de las garras.
«No exigimos nada que no contemple el convenio de los depredadores ibéricos», afirma Faustino, águila calzada y portavoz de la Asociación de Usuarios de Silicio. «Planear cuatro horas bajo el sol para cazar una lagartija reseca es una ordinariez impropia de este siglo. Aquí nos posamos a sesenta grados, esperamos a que la comida cruce la grava y nos echamos la siesta bajo el bastidor». Faustino mantiene una reclamación abierta por la ausencia de escarabajos sin gluten en el minibar.
La patronal hostelera de la comarca ha llevado una queja al Ayuntamiento por presunta competencia desleal. Considera que las rapaces venden fines de semana sin liquidar la tasa turística. Varios inspectores tributarios fueron al recinto con una notificación, pero volvieron sin entregarla al comprobar que la administración no les facilita guantes de cetrería reglamentarios para tratar con los huéspedes.
Mientras tanto, el otoño viene con ocupación casi completa. Agencias de Doñana ya anuncian paquetes de puente con acceso prioritario a las hileras de última generación. Los operarios aceptaron su nueva condición de conserjes y pasan la mopa despacio, para no despertar a la clientela. Junto al cuadro de contadores reponen pequeños tacos de sebo. Es lo que hay.