Un autobús descubre que llegar tarde es una forma de viajar
El vehículo experimental de Villanueva del Despiste ha convertido cada parada en una hipótesis y cada billete en una pequeña siesta.

VILLANUEVA DEL DESPISTE, El autobús municipal de la línea 0 ha abandonado el recorrido convencional tras descubrir, según el Laboratorio de Transporte Intuitivo, que los pasajeros llegan antes cuando el vehículo se extravía con la convicción adecuada. Desde el martes da vueltas perfectas por las calles. Insiste en que cruza una dimensión lateral del casco urbano.
La investigación la dirige Nicanora Bujanda, jefa de Mecánica de las Cosas que Normalmente No Se Mueven. El autobús ha adquirido memoria selectiva, explicó. «Recuerda perfectamente adónde quiere ir, pero ha olvidado que existe el camino». Durante la demostración abrió las puertas frente a una panadería que todavía no se ha construido.
El ayuntamiento ha colocado tres paradas nuevas. Una queda junto al antiguo solar de la futura estación; otra, dentro de un charco con vocación de lago. La tercera está en la plaza principal de un pueblo que sólo aparece los jueves. Para pedir la parada, los usuarios levantan la mano, enseñan un objeto azul y piensan el nombre de su destino. Eusebio Ladrillo, conductor y capitán de Navegación Urbana y Mareas de Asfalto, sostiene que así se discute bastante menos.
“El error de trayecto es una fuente de conocimiento”
El billete también cambió. El Comité de Tarifas Imaginarias exige ahora un bostezo de tamaño medio, dos recuerdos de infancia o la promesa de no volver a preguntar cuánto falta. Quien no reúna esos requisitos puede pagar en efectivo, aunque la máquina sólo admite monedas que hayan pasado una noche bajo una almohada.
Eso ha simplificado ciertas cosas. La línea 0 cuenta además con un método científico para localizar a quien se ha subido al autobús equivocado: los asientos se inclinan hacia la dirección correcta y el timbre suena como un cuñado que acaba de entender las instrucciones de montaje. «Equivocarse de trayecto enseña», dijo una portavoz del comité desde el interior de un archivador con ruedas.
Varios viajeros aseguran que el trayecto se acorta si miran por la ventana sin buscar referencias conocidas. Un hombre que esperaba junto a la puerta llegó a su parada antes de subir. Una estudiante bajó donde había empezado el día, con una planta de interior que no recuerda haber comprado. La comunidad de vecinos estudia solicitar una parada en el rellano.
El experimento seguirá hasta que el autobús encuentre una ruta entre dos lugares incompatibles, como la sala de espera y la hora de comer. «Si sale bien, habrá transbordos entre una preocupación y otra», anunció la doctora Bujanda. El vehículo ha pedido vacaciones. Permanece aparcado frente a una rotonda, mirándola fijamente.
La oficina de redacción recuerda que la ciencia del transporte avanza. Pero tampoco tanto.