Tricio descubre que llevaba siglos cultivando encima de su propia historia
Una fotografía aérea de 2009 destapó varias viviendas romanas bajo un campo de cereal y obliga al pueblo a replantearse la siesta.

TRICIO, La arqueología ha confirmado que el tranquilo campo de cereal donde el pueblo llevaba siglos sembrando trigo ocultaba varias viviendas romanas de hace unos 2.100 años. La pista salió de una fotografía aérea tomada en 2009. Entre los vecinos hay sorpresa y, entre las espigas, cierta incomodidad: aseguran que nadie les comunicó nada oficialmente.
Las excavaciones han sacado a la luz varias construcciones romanas. El terreno pasa así a ser una villa de considerable interés histórico, después de haber funcionado sin incidentes como campo de cereal. El Imperio romano no previó esta solución urbanística; solía construir las casas antes de que existiera la agricultura de precisión.
«Siempre pensamos que aquellas líneas eran de riego, o como mucho una cosecha con demasiada personalidad», ha explicado Evaristo Cenicero, portavoz accidental de la Comisión Municipal para No Tocar Nada Interesante. El pueblo estudia declarar el trigo patrimonio arqueológico. Hacienda ya ha señalado que eso complicaría la declaración de la renta del cereal.
“La villa no estaba perdida; simplemente tenía una cosecha encima.”
La fotografía aérea pasó desde 2009 haciendo discretamente lo suyo: señalar que bajo el campo había algo más que campo. La villa romana recibió campañas agrícolas, lluvias y tractores durante ese tiempo, además de las miradas de quien busca dónde aparcar. «Nos veían desde arriba y aun así nadie bajaba a preguntar», ha declarado una tesela de mosaico, portavoz de la Asociación de Restos que Llevan Mucho Tiempo Esperando.
Ahora toca discutir qué hacer con ello. Unos vecinos quieren visitas guiadas; otros se conformarían con un cartel y entrada los domingos. El ayuntamiento ha convocado un pleno para decidir si las futuras excavaciones se harán antes o después de la siega. Para los arqueólogos es un asunto secundario. El calendario agrícola lo considera una amenaza directa.
La comunidad de vecinos del subsuelo se reunió en una sala que todavía no se ha excavado del todo. Aprobó recuperar el antiguo nombre de la finca, exigir silencio durante la siesta y prohibir la frase «aquí no hay nada». Esta última norma ya la incumplió un hombre junto a una zanja, que no quiso dar su nombre por coherencia.
Los trabajos siguen y Tricio se prepara para compartir espacio con la villa romana, como quien descubre que su cuñado lleva años durmiendo en la habitación de invitados. El campo seguirá siendo cereal, por ahora. Cada hilera de trigo se mira de otra manera: igual cubre un patio, una cocina o la primera comunidad de propietarios de La Rioja.
«La villa no estaba perdida; simplemente tenía una cosecha encima», resumió Melitón Baranda, presidente del Consejo de Antiguos Suelos con Paciencia. La frase ha entrado en el expediente arqueológico junto a la fotografía de 2009 y una recomendación técnica bastante razonable: mirar al suelo de vez en cuando.