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El nuevo bigote de Carlos Alcaraz cobra vida, forma un sindicato y exige jugar dobles

El vello facial del tenista ha solicitado su propia tarjeta de embarque y amenaza con una huelga si no le pagan en botes de gomina.

Foto de archivo: football on grass
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: DUOTONE_ / Pixabay

SHANGHÁI, Carlos Alcaraz ha aparecido en el entrenamiento previo a su debut en el Masters 1000 con melena y bigote. Los comentaristas deportivos han decidido que el cambio responde a una mejora táctica sin precedentes, pensada para confundir rivales y modificar la aerodinámica del partido. La explicación duró poco. Esta mañana, el bigote y la melena han adquirido consciencia y han pedido ser reconocidos como entidad jurídica independiente.

El vello facial y capilar del tenista ha constituido una cooperativa de trabajo bajo el nombre de «Folículos Unidos». El mostacho entregó en la sede de la ATP un documento legal redactado con restos de laca. Reclama tarjeta de embarque propia, dietas por desplazamiento y el veinte por ciento de los puntos del ranking. Dice que los efectos cortados y las dejadas milimétricas salen de él.

«Ese mostacho es un ente autónomo que calcula trayectorias parabólicas mediante telepatía cuántica», ha declarado Eustaquio Cepillo, presidente de la Comisión de Fenómenos Paranormales en el Deporte. Lleva tres días escondido bajo la red de la pista central. «Ayer vi cómo se desprendía del labio superior para interceptar un revés paralelo a ciento veinte kilómetros por hora. Luego volvió a su sitio y se atusó solo, con una arrogancia que ya querrían muchos veteranos del circuito».

“Ayer vi cómo el bigote se desprendía del labio para interceptar un revés paralelo.” — Eustaquio Cepillo, presidente de la Comisión de Fenómenos Paranormales

La cuestión ha llegado a los despachos. El Ministerio de Deportes, que desde la semana pasada consiste en archivadores de metal flotantes que emiten suspiros burocráticos, ha exigido a Alcaraz que tribute por partida doble. Una grapadora voladora le estampó un requerimiento en la frente: Hacienda considera el bigote un «inmueble de uso deportivo». Tendrá que pagar el IBI y pedir licencia de apertura cada vez que sonría.

La melena ha asumido la representación sindical. Se niega a ser lavada con champús sin sello del convenio colectivo. Durante el entrenamiento, los mechones traseros celebraron una asamblea para decidir si debían moverse con el viento. Votaron huelga de caídas libres. El pelo permaneció rígido, apuntando al cielo con un ángulo de noventa grados durante dos horas seguidas.

Y entonces apareció el reglamento. El tomo oficial de normas de la ATP ha cobrado vida y exige que lo llamen «Don Roberto». Recorre las instalaciones con bastante lentitud y sostiene que Alcaraz debe pasar a la categoría de dobles. «Si el bigote formula estrategias y la melena está en huelga, aquí hay un equipo de tres», ha sentenciado mientras pasaba sus propias páginas con dramatismo. «O encuentran un cuarto jugador o confiscaré toda la laca».

Mientras un juez decide si un corte de pelo puede afiliarse a la Seguridad Social, el resto de tenistas ha tomado medidas desesperadas. Varios intentan convencer a sus raquetas de que desarrollen sentimientos de culpa. La comunidad de vecinos de la villa olímpica, por su parte, ha aprobado una derrama extraordinaria para reparar los daños estructurales causados por el ego del nuevo mostacho.

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