Totalmente falsoInventado desde cero. No lo compartas como verdadDeportes · 2 min de lectura

Una cola deportiva obliga a la oficina pública a pedir turno para atenderla

La fila para solicitar una licencia de petanca gravitacional ya ha completado tres vueltas al edificio y calienta antes de abrir.

Foto de archivo: multitud haciendo cola frente a un edificio
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: aykapog / Pixabay

VILLANUEVA DEL DESPISTE, La cola para pedir una licencia de petanca gravitacional ha batido esta semana el récord municipal de espera. Empezó a rodear el edificio de la oficina pública y acabó colocándose en posición de salida. Los primeros solicitantes aparecieron con carpeta, silla plegable y zapatillas de competición. Nadie sabía qué documento hacía falta, pero eso no frenó a nadie.

La oficina expide permisos para actividades deportivas que, según el reglamento local, «se desarrollen sin depender demasiado de la gravedad, del sentido común o de ambas cosas». La ventanilla abre a las nueve. A las ocho y cuarto la fila ya estaba calentando, con estiramientos de gemelo y respiración abdominal bajo la dirección de Anselmo Brújula, entrenador provisional de espera administrativa.

Con el calentamiento resuelto, la cola encontró una forma propia de progresar. A media mañana llegó a la rotonda de los geranios, volvió por la calle del Archivo Perdido y se incorporó por detrás a ella misma. Quedó una circunferencia de 312 personas, sin principio ni final, aunque cada cual protegía su turno con seriedad de campeonato. «Yo estaba detrás de una señora y ahora estoy delante de mí mismo», explicó Mateo Requena, ciudadano y delegado espontáneo del tramo central.

“Yo estaba detrás de una señora y ahora estoy delante de mí mismo” — Mateo Requena, delegado espontáneo del tramo central

La oficina montó entonces una mesa de control: tres sellos, un cronómetro y una brújula que sólo apunta a la ventanilla número cuatro. La preside Jacinta Porrón, jefa de Coordinación de Filas con Rebote. Confirmó que, cuando alguien avanza un paso, el edificio retrocede dos metros para conservar la distancia reglamentaria. Es un sistema exigente para el inmueble.

Eso llevó al episodio más tenso de la mañana. La cola recibió un número colectivo y empezó a competir consigo misma en una prueba de velocidad administrativa. Ganó una carpeta azul que llevaba cuatro años dentro de un bolso. El acta quedó sin validar porque la carpeta no tenía firma y el bolso se declaró neutral. Un silbato de madera, nombrado árbitro por unanimidad, anuló la segunda manga por exceso de paciencia.

También participó Rogelio, el loro de la sala de espera, encargado de repetir los números cuando el sistema fallaba. «Turno 47, prepare el formulario y no mire fijamente al fluorescente», anunció antes de pedir un bocadillo de tortilla. La oficina sostiene que el animal no figura en plantilla. Cobra en vales de sombra y entiende el procedimiento mejor que la impresora.

Al cierre de esta edición, la cola avanzaba un centímetro cada siete minutos. Varios aspirantes ensayaban lanzamientos de bola sobre una mesa de folletos, mientras la oficina recomendaba llevar agua, documentación y una explicación sencilla de por qué alguien necesita licencia para practicar un deporte que sólo se juega cuando las bolas deciden subir al cielo. Aún no han atendido a nadie. Todos, eso sí, han mejorado su marca personal de espera.

¿Qué te ha parecido?