Un equipo modesto ficha a una rotonda municipal como defensa central
La directiva confía en que la masiva infraestructura obligue a los rivales a ceder el paso y frene la sangría de goles del equipo local.

Llevo treinta años cubriendo el deporte modesto y creía haberlo visto todo. Luego la Unión Deportiva Valdepedrusco fichó a una rotonda de tráfico para el puesto de defensa central. La directiva venía de varias goleadas y decidió confiar en una infraestructura municipal de treinta metros de diámetro. El presidente, Gumersindo Castaño, explicó que la rotonda se desplaza lateralmente bastante mejor que los defensas del año pasado y, además, cobra menos.
La rotonda venía del Polígono Industrial Los Cuñaos y quedó inscrita este martes. Es la de siempre: una circunferencia de asfalto con una escultura de acero especialmente fea en el centro. En el campo cumple su función. Los delanteros rivales deben frenar, ceder el paso y completar al menos tres vueltas antes de encontrar una salida hacia la portería. La federación dio por buena la ficha. La intersección está empadronada, no debe dinero a la tesorería municipal y tampoco ha pedido prima por objetivos.
El asunto ya tenía cierta lógica administrativa.
“«Nunca se va a dormir la siesta en pleno partido»”
«Es muy posicional y nunca se queda dormido la siesta en mitad del partido», declaró Ruperto Salcedo, entrenador local y hombre agotado desde antes de empezar la temporada. «Le hemos puesto el brazalete de capitán en la señal de ceda el paso. Impone bastante. Ningún chaval quiere meter la pierna contra cincuenta toneladas de hormigón armado, unos bordillos con mala intención y un sistema de riego que falla cuando le parece».
El estreno confirmó las previsiones. El domingo, ante el San Cornelio del Pantano, los atacantes visitantes pasaron cuarenta y cinco minutos dando vueltas al nuevo central. Esperaban un hueco en un tráfico que sólo existía en su cabeza para salir hacia el área, pero el asfalto los dejó allí, girando. Dos extremos se marearon después de catorce vueltas buscando el carril interior. El árbitro pitó el descanso porque ya no sabía cuál de ellos jugaba por la izquierda.
Fuera de casa cambia la cosa.
Mover una estructura permanente exige que el pleno municipal lo apruebe y que la comunidad de vecinos, que utiliza la rotonda para pasear a los perros, dé también su visto bueno. El Valdepedrusco ha planteado disputar los encuentros a domicilio por correspondencia. Si no cuaja, enviará un socavón profundo de la calle Mayor como suplente para la zaga. El socavón, de momento, no ha renovado.
La innovación tiene detractores. El colegio de árbitros ha presentado una queja formal: sacar una amarilla a una intersección obliga a mirar fijamente una rotonda y asumir ciertas decisiones vitales. También hay faltas de obstrucción constantes, aunque la rotonda se limita a estar donde está mientras un extremo intenta correr. El VAR no interviene. El wifi del polideportivo llega tarde, cuando llega.
La grada, en cambio, está contenta. En la cantina se han vendido más camisetas con su dorsal, que son chalecos reflectantes puestos sobre conos de tráfico, que bocadillos de lomo. Si el asfalto conserva el estado de forma y el ayuntamiento no levanta la rotonda para meter fibra óptica a mitad de temporada, el ascenso parece bastante encaminado. Dentro de lo que cabe para un equipo cuyo capitán no cabe por la puerta del vestuario.