La Universidad de Villanueva del Despiste gana un partido de fútbol sin balón
El equipo local derrota al marcador por 7-0 tras noventa minutos persiguiendo una pelota que sólo aparece en las actas.

VILLANUEVA DEL DESPISTE, La Universidad Superior del Despiste ganó este sábado la final de la Liga Intercampus de Deportes Inexistentes por 7-0. El partido se jugó sin balón, sin porterías y, durante varios minutos, sin césped. Tuvo lugar en el campo municipal de la facultad, que el acta sitúa «aproximadamente donde siempre».
El equipo local alcanzó la final tras eliminar a la Escuela Técnica de Castrillo de Arriba en una semifinal resuelta mediante lanzamiento de mirada larga. Ya en el encuentro decisivo, los jugadores corrieron detrás de una pelota que nadie llegó a ver. El marcador electrónico, en cambio, anotó cada toque con la seguridad de un notario que trabaja de oído.
«La estrategia consistía en aparentar que sabíamos dónde estaba el balón», explicó Lidia Castañón, entrenadora jefe de Movimientos Deportivos Innecesarios. «En el minuto 32 dejamos de fingir y el rival entendió nuestra confusión como una jugada ensayada». Castañón recibió una amarilla por señalar una esquina que aún no existía.
“El deporte universitario tiene futuro porque aún no hemos encontrado el presente.”
El primer gol se dio por válido cuando el delantero Nicasio Brújula chutó hacia una zona de aire algo más denso. Ulises Páramo, defensa, firmó el segundo al despejar una duda. Los otros cinco llegaron por decisión del árbitro, Evaristo Mimbre, que pasó un cuarto de hora consultando a un silbato suplente con experiencia, según testigos, en decisiones difíciles.
Al acabar, la capitana Melisa Tizón levantó el trofeo. La copa pesaba menos que una promesa y salió flotando en dirección a la biblioteca. «Ha sido un partido muy físico, sobre todo para quienes estaban mirando», declaró Tizón. «Nos vamos contentos, aunque todavía no sabemos si hemos ganado nosotros o la ausencia de balón».
En el vestuario hubo una ducha colectiva de agua imaginaria y una ronda de bocadillos que solo se podían comer después de describirlos con suficiente convicción. La organización repartió medallas entre los suplentes, el marcador y una señora que cruzaba por allí con una bolsa de mandarinas. Alguien la confundió con la delegación visitante y ya no se corrigió el error.
La universidad prevé recibir al equipo en el salón de actos cuando consiga localizarlo. El comité de competición estudia mientras tanto ampliar la disciplina con fútbol de sombra, salto de banqueta y una prueba de resistencia que consiste en esperar el autobús que no existe. «El deporte universitario tiene futuro porque todavía no hemos encontrado el presente», resumió Casimiro Lumbre, secretario del comité, desde dentro de una taquilla.