La bandera a cuadros de la Fórmula 1 pide la jubilación tras el triunfo de Verstappen
El trozo de tela oficial alega estrés por repetición y exige ser recolocado en una tranquila rotonda de Palencia para no tener que ver siempre al mismo ganador.

SINGAPUR, El Gran Premio de Singapur terminó este fin de semana con la primera victoria de Max Verstappen en el trazado asiático. Había logrado la pole y también la carrera al sprint. A su lado, en el podio, quedaron Charles Leclerc y Kimi Antonelli. La temporada prometía cierta emoción, durante unas horas. Después, los objetos del circuito de Marina Bay empezaron a protestar por escrito contra otra tarde dedicada a confirmar cálculos que ya conocía media parrilla.
Todo empezó en meta. La bandera a cuadros oficial, una tela que los operarios llaman Hermenegildo, se negó a ondear con el entusiasmo reglamentario y cayó sobre el asfalto cuando vio acercarse al líder. «Llevo meses ilusionándome con que ganara otro cualquiera», declaró Hermenegildo en un comunicado sindical. «Agitarme con emoción requiere sorpresa. Hacerlo para confirmar que todo sigue igual me produce una tendinitis existencial inasumible».
La bandera no estuvo sola. Los cronómetros oficiales secundaron la huelga por fatiga psicológica. Don Baldomero, un temporizador analógico que ejerce de portavoz, contó que el sistema informático se recalentó intentando encontrar tensión donde no había. «Estábamos preparados para registrar finales de infarto, pero otra procesión dominical nos ha quitado las ganas de vivir. Si esto va a ser siempre así, que nos manden a cronometrar huevos duros en una tasca de Cuenca», sentenció ante los periodistas.
“Agitarme con emoción requiere sorpresa. Esto me produce una tendinitis existencial.”
Y la protesta llegó al suelo. El asfalto de Marina Bay remitió una instancia urgente a la Subdirección General de Obras Públicas para pedir un traslado inmediato a España. Quiere acabar convertido en una rotonda tranquila de Palencia, con un tractor al alba y el autobús de las cuatro de la tarde como principales sobresaltos. Los ingenieros probaron a comprar su silencio con alquitrán nuevo. En la curva tres, varios tramos ya se han agrietado. Sin hacer ruido, que era precisamente el mensaje.
La pista dejó claro el ambiente. Luego le tocó al podio, que amaneció convertido en una sola tabla rasa. Los tres cajones habían perdido cualquier interés por distinguir alturas. Don Faustino Peláez, carpintero jefe de la organización, confirmó que la estructura se niega a separar al ganador del resto cuando la victoria queda decidida con días de antelación. «Hemos intentado arreglarlo con cuñas de pino, pero la madera se encoge de puro tedio. Poner a Leclerc y Antonelli en escalones distintos solo crea falsas esperanzas», dijo el operario.
Ante el conflicto, la Agencia Tributaria intervino para decidir si la desilusión de los espectadores españoles puede desgravar en la declaración de la renta como pérdida patrimonial. Un inspector de Hacienda señaló que quien haya pagado una suscripción televisiva esperando emoción tendrá que aportar un certificado de ingenuidad, sellado por el presidente de su comunidad de vecinos. El fisco exige pruebas.
La cuestión ya no parece administrativa. Los semáforos parpadean en ámbar por desgana y los trofeos se niegan a salir de las vitrinas. Los comisarios estudian suspender las carreras que quedan este año. La propuesta con más apoyos consiste en mandar los puntos por carta certificada desde una oficina de Correos de Guadalajara, ahorrar combustible y dejar que Hermenegildo duerma la siesta en un cajón oscuro.