SátiraNoticia real, exagerada hasta que confiesaDeportes · 2 min de lectura

España viaja a China para confirmar que España seguía estando al otro lado de la red

Davidovich y Jódar convierten una final del Masters de Shanghái en una reunión de vecinos con jet lag y desempate.

Foto de archivo: jugadores de tenis en la red
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: Jim Weatherford / Unsplash

SHANGHÁI, La final del Masters de Shanghái entre Alejandro Davidovich y Rafa Jódar llegó este domingo al tercer set. Davidovich se había llevado el segundo en el desempate; Jódar, la primera manga. El partido quedó convertido, durante un rato, en una pregunta cuya respuesta seguía en el aire. Por Paco Opinión.

Había además un detalle difícil de ignorar sobre la pista: dos españoles habían cruzado medio planeta para disputar una final en China, probablemente en español, y para discutir con la soltura habitual sobre si aquella bola había botado dentro.

El Comité Internacional de Viajes Innecesarios, entidad cuya sede continúa siendo una sala de espera inexistente, calculó que el trayecto justificaba «como mínimo, una final entre dos continentes y un señor preguntando por el cambio de divisa». Sus técnicos miraron el cuadro del torneo, pidieron una brújula y luego un café.

“El rival estaba en España desde el principio.” — Mónica Sempiterno, portavoz accidental del Comité Internacional de Viajes Innecesarios

«Hemos revisado el recorrido y el rival estaba en España desde el principio», explicó Mónica Sempiterno, portavoz accidental del comité y presidenta de la subcomisión de Maletas que Llegan Antes que Uno. «Para próximas ediciones recomendamos un torneo previo en la comunidad de vecinos, con semifinales en el ascensor».

La primera manga fue para Jódar. La segunda, después del desempate, cayó del lado de Davidovich. El marcador acabó funcionando como una junta de propietarios: una mitad quería cerrar la piscina; la otra pedía revisar el acta. Nadie sabía ya quién había traído los estatutos.

En la grada, junto a una papelera, un hombre aseguró que el viaje había merecido la pena porque «por fin se puede ver a dos españoles enfrentándose sin que intervenga Hacienda, el ayuntamiento o un cuñado con una raqueta prestada». La papelera no quiso confirmar nada. Parecía, eso sí, ligeramente inclinada hacia la red.

Quedaba el tercer set. Shanghái fue reconocida oficialmente como la ciudad más lejana donde dos españoles podían preguntarse si luego se tomaban algo. El tenis puso el avión; el desempate, el suspense. La geografía pidió una siesta.

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