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Los aviones de papel que suspendieron el partido en Vallecas exigen su propio espacio aéreo

Las aeronaves de celulosa que interrumpieron el choque entre el Rayo y el Athletic se niegan a ir al contenedor azul y firman un tratado de paz con las palomas.

Foto de archivo: aviones de papel en el césped
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: Sou Jest / Unsplash

MADRID, El partido de Primera División entre el Rayo Vallecano y el Athletic Club quedó suspendido definitivamente este fin de semana por una lluvia de aviones de papel. El problema dejó de ser deportivo casi de inmediato. Sobre el césped ha aparecido una fuerza aérea soberana compuesta por folios de apuntes, facturas de la luz y periódicos que, por algún motivo, ya no aceptan órdenes humanas.

Los aparatos de celulosa no se quedaron tirados en el suelo. Formaron escuadrones y empezaron a volar a baja cota. Los de punta afilada delimitaron un perímetro defensivo en el área pequeña; los planeadores inspeccionaron la zona de banquillos y se comunicaron con crujidos, susurros y ese ruido que hace un recibo cuando se niega a doblarse bien.

«Al principio pensamos que era el viento, pero luego vimos a un avión hecho con el temario de Correos haciendo maniobras evasivas para esquivar los aspersores», explicó Teodoro Mondéjar, vecino del barrio. «Después montaron una torre de control con el banderín de córner. Exigen que el estadio sea reconocido como espacio aéreo soberano y libre de árbitros».

“«Se niegan a ir al contenedor azul hasta que se les garantice una plaza europea».” — Dra. Remedios Salcedo, catedrática de aerodinámica origami

La cosa siguió creciendo. A media tarde, una delegación diplomática de los aviones entregó un documento oficial, escrito sobre sus propios fuselajes. Reclaman conservar su forma aerodinámica sin acabar bajo una bota, luces de pista a lo largo de la banda y un convenio colectivo contra las ráfagas de viento otoñal, que al parecer consideran una práctica empresarial abusiva.

Luego llegó el tratado con las palomas. La autoproclamada República Aerodinámica de Vallecas firmó un acuerdo de no agresión con el gremio local de aves para compartir las rutas de vuelo. Las palomas aceptaron respetar la prioridad de aterrizaje de los aviones con pliegues simétricos de alta calidad. Los operarios de limpieza han intentado acercarse con escobas. Han recibido vuelos rasantes intimidatorios.

«Estamos ante un conflicto geopolítico sin precedentes en la historia del deporte español», declaró la doctora Remedios Salcedo, catedrática de aerodinámica origami. «El líder es un folio con apuntes de la Revolución Francesa, doblemente reforzado. Ha pedido una reunión televisada con la concejalía y rechaza ir al contenedor azul hasta que le garanticen una plaza en las competiciones europeas del año que viene».

El estadio sigue cerrado a cal y canto, bajo vigilancia del control de tráfico aéreo civil. A los vecinos se les ha recomendado no abrir las ventanas por si algún caza de papel entra en el salón a solicitar asilo político. Un comité negocia una tregua con grapadoras y resmas de papel blanco. De momento, nadie ha querido precisar quién pagará las fotocopias.

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