Totalmente falsoInventado desde cero. No lo compartas como verdadDeportes · 2 min de lectura

El VAR debe intervenir en los pasillos del supermercado antes de que sea tarde

Paco Opinión exige árbitros profesionales para regular las agresiones tácticas con los carros y el flagrante dopaje con cafeína en la sección de frutería.

Foto de archivo: carrito de compras en pasillo de supermercado
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: Tumisu / Pixabay

Como veterano cronista deportivo, he cubierto finales inolvidables. Aun así, me toca denunciar que el deporte de contacto más brutal de nuestra época sigue sin reglamento oficial. Hablo de manejar un carro de la compra un sábado por la mañana en el Supermercado Descuentos Máximos de Villafranca del Pedrusco. Se discute mucho sobre el desgaste físico del tenis. Mientras tanto, los atletas de verdad sudan en lácteos para atravesar una defensa en zona de cuatro jubilados, detenidos ante la mantequilla.

Ayer hubo un escándalo arbitral. No había árbitro, que quizá fue lo más grave. Vi a un individuo con pantalón de pana derrapar de lado con el carro y usar el eje trasero para cerrar el paso al último paquete de croquetas de jamón. La maniobra acabó con una pirámide promocional de papel higiénico por los aires. Él se llevó las croquetas, con esa sonrisa que suele preceder a una investigación. La federación, por su parte, continúa mirando a otro lado.

Después de una acción así, la apertura de una caja adquiere otra dimensión. El sprint hacia una caja nueva es la prueba reina de este deporte. Los cien metros lisos parecen un paseo por el parque. Estás en el pasillo siete y la megafonía anuncia que abre la caja número cuatro. Entonces hay que girar una jaula metálica cuya rueda delantera lleva atascada desde tiempos inmemoriales. Hace falta la pierna de un ciclista profesional y la cabeza fría de un ajedrecista. Y un poco de fe.

“«El carro jamás debe usarse como ariete defensivo».” — Honorio Estantería, presidente de la Federación de Ultramarinos

La velocidad, además, ha destapado un asunto incómodo: el dopaje. Alguien debía decirlo. Tomar estimulantes antes de entrar altera el juego limpio. Ayer una señora de sesenta años, después de tres cafés con porras, ofreció un rendimiento difícil de defender ante cualquier comité médico. Pesó seis variedades de manzana en menos de catorce segundos e imprimió las etiquetas sin perder una. La ciencia moderna considera ese ritmo humanamente inalcanzable, aunque la señora no parecía impresionada.

Con ese panorama, el VAR ya no admite demora. ¿Cuántas veces un cliente coloca el separador de plástico en la cinta con un fuera de juego evidente? Invade el espacio del comprador de delante y se apropia de un tramo de goma que todavía no le corresponde. La grabación mostraría el momento exacto: la bolsa de guisantes cruza la línea imaginaria antes de que el individuo reclame legalmente el terreno. Falta clara.

Y luego están las sustituciones de última hora. Se manda al niño más rápido de la familia a por un cartón de leche cuando la cajera ya escanea el último artículo. Eso vulnera el tiempo de descuento. Si el emisario no vuelve antes de que se anuncie el importe total, el equipo entero debe quedar descalificado. Sin prórrogas de cortesía junto a las pilas, los chicles y las chocolatinas.

El presidente de la Federación de Ultramarinos, Honorio Estantería, lo exigió hace poco: «El carro jamás debe usarse como ariete defensivo». Tiene razón, por una vez. Las autoridades deben intervenir y poner orden. Hace falta una categoría amateur para quien entra solo a por pan y una primera división para la compra mensual, donde se decide el futuro de familias enteras junto al congelador. Hasta entonces seguiré en la grada de perfumería, estudiando la táctica de los clientes y esperando que alguien sancione de una vez el uso indebido de los cupones.

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