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Economía diseña fondos con gotelé y derramas para desviar el ahorro del ladrillo

El ministerio crea productos financieros que gotean, crujen de noche y exigen pintar la escalera para convencer a los ciudadanos de no comprar pisos.

Foto de archivo: coins and banknotes
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: svecaleksandr249 / Pixabay

MADRID, después de que el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, defendiera buscar alternativas a la vivienda para encauzar el patrimonio familiar, el ministerio se ha topado con la resistencia biológica del dinero ibérico. Los técnicos del Tesoro aseguran que los ahorros españoles han desarrollado un instinto telúrico tan fuerte que un billete depositado en un fondo tradicional sufre taquicardias, pierde el color y acaba deslizándose por el suelo en dirección a un saco de cemento.

Había que hacer algo con eso. Para rebajar la obsesión por comprar pisos de setenta metros cuadrados y alquilarlos a precios astronómicos, la Dirección General de Deshabituación del Ladrillo ha rehecho el mercado de capitales desde cero. Desde este lunes, los productos financieros del Estado traen cualidades propias de una vivienda de segunda mano: las letras del Tesoro llevan una capa rugosa de gotelé al temple, huelen a cocido recalentado los jueves y incluyen una baldosa suelta que baila al pisarla.

«Probamos con fondos indexados que replicaban las bolsas mundiales, pero la gente llegaba a la sucursal llorando porque la renta fija no crujía ni tenía grietas en el descansillo», explica Don Hermenegildo Zapatones, subdirector de Activos Alicatados del ministerio. «El ahorrador español necesita tocar mortero. Si su dinero no corre el peligro de una derrama urgente para cambiar las bajantes de plomo, da por hecho que le están estafando».

“«El ahorrador español necesita tocar mortero o asume que le están estafando»” — Don Hermenegildo Zapatones, subdirector de Activos Alicatados

La cosa ha seguido creciendo. Los nuevos planes de pensiones estatales tienen conciencia acústica propia y, a las tres y media de la madrugada, reproducen el ruido exacto de un vecino arrastrando muebles de hierro forjado sobre el parqué. Cada cartera de acciones también asigna un cuñado digital al inversor. Critica la orientación este-oeste del saldo disponible. Y un presidente de comunidad incorpóreo convoca juntas extraordinarias dentro de la aplicación para discutir el color de las cortinas del balance contable.

Por ahora, funciona. Los primeros usuarios dicen que la medida les está quitando ansiedad hipotecaria. «Tenía diez mil euros muertos de risa en el banco y me quemaban las manos por dar una entrada para un bajo sin cédula de habitabilidad en Parla», confiesa Faustino Peñalba, perito tasador de alféizares y ahorrador rehabilitado. «Ayer contraté el Bono Ibérico de Tres Habitaciones. A los veinte minutos se filtró una mancha de humedad en una esquina de la pantalla del móvil. Me quedé tranquilísimo. Es igual que tener inquilinos».

No todos han recibido bien la transición. El Sindicato Unitario de Ladrillos Macizos y Tabiques de Carga ha presentado una queja formal ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores por intrusismo profesional y competencia desleal de los bonos del Estado. Los materiales de construcción sostienen que la angustia de las juntas vecinales y los presupuestos de fontanería pertenecen a la albañilería tradicional. Amenazan con dejar de sostener los techos si el dinero público aprende a cobrar alquileres por su cuenta.

El ministerio mantiene el calendario pese al roce. Quiere diversificar el ahorro antes de que cierre el ejercicio. Lo siguiente será un pagaré sintético capaz de perder las llaves del buzón y una emisión de deuda pública que no devolverá el principal hasta saber quién dejó la bolsa de basura en el rellano.

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