El Gobierno pide un préstamo gigantesco para avalar que tú pidas otro
El programa de vivienda inaugura la era de la deuda recursiva, demostrando que tapar un agujero cavando otro más grande es pura genialidad financiera.

El Gobierno de España ha dado por fin con la piedra filosofal de la macroeconomía moderna. El Estado se endeudará para financiar parte de los préstamos ICO del programa Tu Casa, dotado con diez mil millones de euros para comprar vivienda. La operación tiene su lógica. Tú pides dinero al banco y el Estado pide otro préstamo para garantizar que el banco se quede tranquilo, aunque el Estado tampoco vaya especialmente sobrado.
Es deuda para sostener deuda. Como pagar la tarjeta de crédito con un anticipo de otra tarjeta, pero con ministros, mercados financieros y una hoja de cálculo que nadie abre del todo por si acaso.
Un joven quiere comprar un piso y no tiene ahorros. El banco le comunica que no le fía. Entonces llega el Gobierno, cubierto con una capa hecha de letras del Tesoro, y se ofrece de avalista incondicional. Hay un detalle menor: tampoco tiene un duro. Así que llama a los mercados, adopta un tono grave y solicita un préstamo gigantesco para respaldar el que tú vas a pedir en tu sucursal.
“Se siente uno respaldado por una insolvencia mucho mayor que la suya propia.”
«Es una jugada maestra de deuda recursiva infinita», ha explicado un portavoz de la Subdirección General de Agujeros Fiscales mientras trataba de cuadrar una hoja de cálculo. «Nos endeudamos como institución para que el ciudadano se endeude como particular. Si sale mal, la responsabilidad será de todos y de nadie. Es la socialización definitiva del pánico bancario».
Luego vienen las capas.
El comprador debe dinero al banco. El banco se apoya en el aval del ICO. El ICO depende de las arcas públicas y el Estado debe ese dinero a unos señores trajeados en Europa, que a su vez tienen sus propios problemas, incluida alguna pensión alimenticia. Si tiras del hilo de la hipoteca de un piso en Móstoles, terminas tocando la prima de riesgo de media zona euro. Nadie ha pedido comprobarlo.
Para el ciudadano de a pie, el programa abre una oportunidad poco habitual: entrar en las grandes ligas de la morosidad estructural. Antes le debías dinero a tu cuñado, al bar de abajo o a la comunidad de vecinos. Ahora tu hipoteca cuenta con el respaldo de una red internacional de bonos soberanos. A todos los efectos, eres un problema macroeconómico de primer nivel.
Eulogio Castañeda, comprador de un estudio abuhardillado en el que no cabe de pie, celebraba la iniciativa. «Me tranquiliza saber que el mismísimo Estado español ha ido a una casa de empeños internacional para que yo pueda pagar mil doscientos euros al mes a mi sucursal durante cuarenta años. Se siente uno respaldado por una insolvencia mucho mayor que la suya propia», declaraba mientras firmaba unos papeles que no comprendía del todo.
El plan es infalible mientras nadie encienda la luz para mirar las cuentas. Si los propietarios dejan de pagar, las autoridades ya tienen preparada la siguiente solución: una línea de avales para solicitar un préstamo intergaláctico y cubrir los intereses de la deuda contraída para avalar los préstamos de las viviendas que el banco acabará embargando. Porque, puestos a deber dinero, conviene hacerlo con cierta ambición.