RaroNoticia real, llevada a un sitio extrañoDinero · 2 min de lectura

Málaga y Valencia, tan baratas que el euro ha pedido trabajar en remoto

El ranking que las sitúa entre las ciudades europeas con mejor relación entre calidad de vida y coste ha provocado una rebelión de precios imaginarios.

Foto de archivo: coins and banknotes
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: stevepb / Pixabay

MÁLAGA, El análisis comparativo que sitúa a Valencia y Málaga entre las ciudades europeas con mejor relación entre calidad de vida y coste ha entusiasmado a los nómadas digitales y ha inquietado un poco a las monedas de cinco céntimos, que temen quedarse sin oficio. «Si todo sale tan barato, alguien tendrá que comprobar que los precios no se evaporan», explicó Anselmo Pita, coordinador del Observatorio Nacional de Caldos Económicos. La oficina no aparece en ningún registro: nació dentro de una hucha.

El martes llegaron las primeras consecuencias. Varios euros extranjeros aparecieron en la costa con gafas de sol, portátil y una hoja de cálculo abierta; entraron en una cafetería, pidieron tres desayunos, alquilaron una terraza durante seis meses y aún quisieron saber si el cambio daba derecho a hamaca. El camarero llevaba una calculadora en el bolsillo por motivos sentimentales. Cobró lo mismo que a cualquiera y les dejó una servilleta con un plan de jubilación pequeño.

La noticia se extendió rápido. En Valencia, trabajadores remotos extranjeros fundaron la Unión Internacional de Personas Que Abren El Ordenador En Cualquier Sitio, instalada de momento en una mesa junto a un enchufe. Su portavoz, Nerea Castañeda, dijo que reclamarán alquileres con «luz natural, wifi y un vecino que no pregunte a qué te dedicas». La sesión acabó cuando la propia mesa solicitó entrar en el convenio.

“Nos hemos esforzado mucho para llegar a este nivel.” — El café de una persiana bajada, a través de su espuma

Mientras tanto, en Málaga se reunieron los precios locales. Lo hicieron tras una persiana bajada. El alquiler, el café, el transporte y una bolsa de almendras coincidieron en que ya estaban hartos de que los llamasen gangas. «Nos ha costado mucho alcanzar este nivel», declaró el café a través de la espuma. La tostada votó contra la moción: tenía demasiada mantequilla y no quería cargar con más responsabilidades.

La asamblea tuvo efectos administrativos. Hacienda, que no ha comentado el asunto, recibió por error varias convocatorias de la comunidad de vecinos de un edificio ocupado en parte por consultores de Canadá, diseñadores de Berlín y un señor de Albacete que teletrabaja para una ferretería. Jacinto Molleja, administrador de la finca, afirma que estudian imponer una derrama a los husos horarios. «Llegan tarde, se van pronto y nunca bajan la basura».

Los expertos en economía de sobremesa creen que el asunto empeorará si más gente descubre lo bien que luce una nómina extranjera al lado de una terraza, una playa y un menú del día. El Comité de Protección del Euro Sobrado ha planteado controles en las estaciones. Cada viajero tendrá que demostrar que sabe pedir «¿me pones un café?» sin abrir una aplicación. No se ha aclarado qué ocurrirá con quien pida un descafeinado de máquina.

Al cierre de esta edición, Málaga y Valencia mantenían una buena relación entre calidad de vida y coste, según el análisis real. El resto de la noticia seguía bajo custodia de una caja registradora con sentimientos. La caja ha pedido que no la llamen barata. Prefiere «accesible, emocionalmente compleja y ligeramente llena de tickets».

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