La comunidad cobra las cuotas en sombra y acaba financiando un segundo edificio
Los vecinos de Villanueva del Despiste han convertido sus balcones en una moneda de curso legal que se devalúa al ponerse el sol.

VILLANUEVA DEL DESPISTE, La comunidad de vecinos de la calle del Perchero Torcido ha empezado a cobrar las cuotas mensuales en sombra de balcón, una divisa que, según sus administradores, «mantiene el valor mientras nadie la pisa». Con eso han pagado la limpieza, comprado tres macetas y adquirido un segundo edificio que todavía no existe. En el portal, eso sí, ya hay goteras.
La ocurrencia fue de Leocadia Brújula, presidenta accidental del Comité de Economía Doméstica y Asuntos que Se Resuelven con una Carpeta. En la última reunión, junto al cuarto de contadores, explicó que el dinero convencional «se marcha del bolsillo sin despedirse». La sombra se queda en casa y avanza unos centímetros cada hora. Como la reunión empezó a las seis y veinte, hubo quien pidió que constara en acta.
Al final de cada mes, cada vecino entrega una superficie equivalente a dos sillas y media de sombra. Evaristo Castaño, medidor oficial de penumbras, la certifica. Las zonas se pesan al amanecer y se guardan en sobres marrones para que nadie haga trampas. Varias perdieron volumen cuando se abrió una ventana. Otra se evaporó al oír la palabra «verano».
“Nos preocupa la inflación, pero más que el patio se quede sin sombra”
De ahí salió un mercado interno bastante reconocible. Los pisos bajos compran sombra de altura; los áticos venden oscuridad con vistas. Amalia Cencerro, encargada de cambios y pequeñas molestias, sostiene que la sombra de toldo cotiza por encima de la de persiana porque «tiene mejor liquidez y menos discusiones con el sol». Los bajos han pedido una subvención en reflejos. De momento, les han dicho que rellenen el impreso a plena luz.
La comunidad ha emitido además participaciones del edificio futuro. Cuestan cuatro horas de sombra e incluyen una promesa de ascensor. Nadie ha localizado aún el solar, pero Nicanor Tizón, administrador de la finca, ya instaló una placa conmemorativa en un terreno vacío y convocó una junta para elegir el color de unas cortinas inexistentes.
La Oficina Comarcal de Monedas que No Caben ha intervenido. Su portavoz de liquidez vertical, Matilde Sisebuto, recuerda que la sombra no sirve para pagar un café, salvo si el camarero acepta servirlo durante un eclipse. El comunicado no enfrió gran cosa: un vecino ofreció dos metros cuadrados de penumbra por una plaza de aparcamiento y una conversación sin consejos del cuñado.
Al cierre de esta edición, la comunidad estudia sustituir las cuotas por sonido de tuberías. Consideran que es más estable y, por desgracia, se produce también de noche. «Nos preocupa la inflación, pero todavía más que el patio se quede sin sombra», declaró una silla plegable que asistía a la reunión. El ayuntamiento no ha comentado la operación. Sus oficinas dan al norte.