Los millonarios de Madrid reclaman igualdad entre vecinos con dinero
La desigualdad persiste en los barrios ricos y ahora las urbanizaciones exigen que todos sus residentes parezcan de la misma fortuna.

MADRID, Los barrios más ricos de la capital y las urbanizaciones costeras conservan los niveles de desigualdad más altos y persistentes, pese a la mejora general y al aumento de la renta media en España. Ahora los multimillonarios han decidido que vivir cerca de gente que solo es muy rica resulta intolerable.
La crisis saltó el martes en una comunidad de propietarios cuyo nombre no figura en ningún sitio: los vecinos lo cambiaron por un logotipo dorado. Una mesa de cálculo con patas aseguró que llevaba semanas temblando al detectar coches de gama alta, siempre que no fueran de gama altísima. «No podemos seguir así», dijo antes de pedir la baja por estrés patrimonial.
El asunto ya ha llegado a los portales. El Comité de Emergencia para la Igualdad Vertical, creado ayer por catorce ascensores y una fuente ornamental, sostiene que el problema no es la escasez de dinero. Es que las fortunas se rozan demasiado. «Hay personas con ocho millones viviendo a menos de cincuenta metros de personas con nueve», explicó el portavoz, señor Próspero Tenedor, que trabaja dentro de una caja fuerte y cobra en aplausos.
“Hay personas con ocho millones a menos de cincuenta metros de otras con nueve.”
Y de los portales se ha pasado a las urbanizaciones costeras. Allí proponen pulseras de acceso con clasificación cromática: un tono para quien tenga segunda vivienda y otro para quien posea una tercera con nombre propio. Los porteros automáticos han rechazado el plan. Temen confundir el azul marino con el azul de vacaciones fiscales.
En Madrid, varias comunidades han convocado reuniones extraordinarias para separar a los vecinos mediante zonas de amortiguación. La propuesta que va por delante incluye una franja de césped de trescientos metros, dos setos con experiencia internacional y una pequeña frontera aduanera, pensada para frenar conversaciones sobre hipotecas. Se debatirá cuando acabe la siesta del pleno municipal imaginario.
La cosa tampoco mejora dentro de los edificios. Algunos relojes de vestíbulo ya marcan la hora según el patrimonio estimado de quien los mira. Un vecino que esperaba las 18.00 recibió las 18.07 porque, según el reloj, «la puntualidad también debe contribuir». La comunidad valora recurrir ante un buzón que se ha declarado tribunal económico.
Los analistas recuerdan que la desigualdad recogida en el informe es real. No consta, en cambio, que un millonario haya pedido una valla para evitar la visión de otro ligeramente menos millonario. Lo demás, incluidos los ascensores sindicalizados, la frontera de césped y la mesa con ansiedad, procede del departamento de hechos que no han sucedido y que probablemente tampoco quieran suceder.