Una universidad cobra las matrículas en piedras de 500 kilos para evitar comisiones
La institución ha ampliado sus puertas y comprado carretillas elevadoras para que los alumnos puedan pagarse el café de la mañana con rocas gigantes.

VALLE DEL RETORNO, la Universidad Superior de Valle del Retorno ha puesto en marcha una medida económica para combatir la inflación y las comisiones bancarias. Desde este cuatrimestre, matrículas, becas y compras en la cafetería se pagan con discos de piedra caliza de quinientos kilos. El rectorado presume de independencia respecto al sistema financiero habitual y llama a la fórmula «solidez fiscal literal».
El rector, Honorio Cascajo, explicó la decisión durante una rueda de prensa en una cantera municipal. «El dinero fiduciario es una ilusión en una pantalla, pero una roca de media tonelada rodando hacia tu espinilla es una realidad económica innegable», dijo mientras palmoteaba un peñasco equivalente al presupuesto anual de Filosofía. Luego añadió que el sistema ha reforzado el compañerismo: para pagar un café con leche en la barra hacen falta cuatro estudiantes empujando a la vez.
La piedra ya ocupa bastante sitio. El Crédito Calcáreo Universitario, como se denomina oficialmente la moneda, ha obligado a ensanchar las puertas de administración y a reforzar sus cimientos. Durante la matrícula se registró un seísmo de magnitud tres. Las cuentas bancarias han dado paso a una zanja enorme detrás de la biblioteca central, donde los conserjes amontonan el patrimonio académico al aire libre.
“Ayer un chaval me pagó con un monolito gigante y todavía le estoy picando las vueltas”
Para el alumnado, la novedad tiene menos encanto administrativo. Minerva Paredes, estudiante de tercero de Ingeniería, recibió su beca de excelencia en casa. «Es un honor, sí, pero esta mañana un camión volquete me ha descargado tres toneladas de grava en el pasillo de mi piso compartido», explicó. El presidente de la comunidad amenaza con denunciarla por minería ilegal en el tercero derecha.
El problema llega también al mostrador. Venancio Grúa, encargado de la cafetería de la facultad, ha alquilado varias carretillas elevadoras industriales para servir los almuerzos de media mañana. «Cobrar un cruasán a la plancha supone media hora de maniobra y dos operarios con casco», dijo, con un trapo en la mano. El martes un estudiante pagó una palmera de chocolate con un monolito del tamaño de un frigorífico. Grúa sigue sacando las vueltas a cincel.
Economía mantiene que el plan funciona. La divisa, señalan, no puede sufrir ataques informáticos. Pero ya circula otro fraude: algunos alumnos fabrican efectivo con cartón piedra procedente de Bellas Artes. Las réplicas se desintegran con cierta rapidez cuando el personal de limpieza intenta apilarlas en la caja fuerte del patio exterior.
El rectorado prepara ahora la extensión del sistema a las nóminas del personal docente e investigador. A los catedráticos se les ha recomendado vaciar las plazas de garaje antes de cobrar la paga extra de Navidad. «Es un precio minúsculo por nuestra soberanía fiscal», concluyó Cascajo, antes de salir corriendo hacia los jardines. Una matrícula fraccionada bajaba la cuesta detrás de él.