SátiraNoticia real, exagerada hasta que confiesaDinero · 2 min de lectura

El menú del día solicita protección ante la desaparición del pan, el vino y el postre

Un libro recorre la historia del almuerzo popular mientras sus tres pilares negocian su salida por inflación, turismo y barrios irreconocibles.

Foto de archivo: mesa de restaurante con comida y vino
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: congerdesign / Pixabay

MADRID, informa Ramón Calderilla, el menú del día atraviesa una fase crítica. El pan, el vino y el postre han comunicado por separado que abandonarán el plato combinado para buscar empleos mejor pagados. La noticia coincide con la publicación de un libro que repasa la historia de esta institución nacional y su resistencia ante el aumento de costes, la presión turística y la transformación de los barrios.

Todo empezó con una rebanada. Al pedir el menú, un cliente recibió un trozo de pan tan fino que, al trasluz, permitía consultar el porvenir de la hostelería. «No nos vamos por gusto, sino porque ya no entramos en el presupuesto», explicó Leocadia Miga, portavoz de la Plataforma de Panes Sobrios, durante una comparecencia celebrada dentro de una cesta de mimbre.

Y el vino ha seguido el mismo camino, aunque con menos cuerpo. Ambrosio Crianza, coordinador del Comité de Líquidos que Antes Acompañaban, confirmó que la copa permanecerá en la mesa, pero como idea: una linterna proyectará sobre el mantel una presencia aproximada. «Estamos valorando convertirnos en una insinuación granate», declaró mientras un camarero le servía aire en una copa pequeña.

“Estamos estudiando convertirnos en una insinuación granate.” — Ambrosio Crianza, coordinador del Comité de Líquidos que Antes Acompañaban

El postre ha optado por una categoría distinta. Solicita acogerse al régimen de lujo histórico. La natilla dejará paso a una explicación sobre las natillas de antes, y el flan podrá contemplarse los jueves desde una distancia prudencial. «No queremos alarmar a nadie, pero pronto se cobrará un suplemento por recordar que existimos», indicó Práxedes Cucharilla, secretario general de la Federación de Dulces que Llegan al Final.

La cuestión tiene un fondo menos dulce. El libro reconstruye el origen del menú del día, pensado para dar de comer a trabajadores y viajeros con un precio razonable. En algunos barrios, la presión turística y los cambios urbanos han dejado comedores donde el cliente local solo reconoce el idioma de la cuenta. Una comunidad de vecinos ya discute declarar el arroz del jueves patrimonio emocional y cobrar entrada.

Ante ese panorama, la Oficina Nacional de Asuntos del Segundo Plato ha pedido tranquilidad. El organismo no figura en registro alguno, salvo en una servilleta, y recomienda no solicitar cambios. «Cada modificación altera el equilibrio del universo», advirtió su director accidental, Eusebio Tenedor, desde el interior de un cajón de cubiertos. También estudian proteger la salsa con un cordón sanitario de palillos.

El menú aguanta. Aún pregunta si se desea café, pese a saber que cualquier día puede desaparecer. Expertos en sobremesa calculan que, si continúa la situación, el futuro mantendrá primero, segundo y postre, aunque cada uno llegará en una factura distinta. El pan ha pedido tiempo. El vino, hielo. El cliente ha pedido la cuenta.

El artículo y el libro son reales: cuentan la historia del menú del día y sus problemas económicos y urbanos. Lo demás, incluidos los portavoces, las oficinas y la fuga de los alimentos, es sátira con mantel de papel.

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