SátiraNoticia real, exagerada hasta que confiesaDinero · 2 min de lectura

La luz sube un 6,5 % y el recibo exige un máster en ajustes

Dos tercios del aumento proceden de servicios de ajuste, una categoría tan misteriosa que ya factura también en las conversaciones de ascensor.

Foto de archivo: persona preocupada revisando factura de luz
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: jarmoluk / Pixabay

MADRID, La tarifa eléctrica regulada subió un 6,5 % en septiembre, empujada por el mercado mayorista y por los servicios de ajuste que gestiona Red Eléctrica. En los hogares, la noticia se ha recibido con la calma habitual de quien abre una carta de Hacienda y se encuentra un jeroglífico con recargo.

Dos tercios de la subida proceden, aproximadamente, de esos servicios de ajuste. Hasta hace poco, «ajuste» era una palabra para una persiana, un tornillo flojo o la paciencia de la comunidad de vecinos. En septiembre pasó a explicar por qué poner la lavadora empieza a parecer un capricho caro.

«Ajustar es lo que hacemos cuando algo no encaja, aunque nadie ha decidido todavía qué era lo que no encajaba», explicó Evaristo Póliza, portavoz del Comité de Interpretación de Recibos. La entidad se reúne en una sala sin ventanas y lee facturas al trasluz. Ha recomendado no hacer demasiadas preguntas: la respuesta podría venir con otra factura.

“Ajustar es lo que hacemos cuando algo no encaja.” — Evaristo Póliza, portavoz del Comité de Interpretación de Recibos

La explicación no ha aclarado gran cosa. Los consumidores quieren saber qué se ajusta exactamente y por qué ese ajuste necesita tanto dinero. Como no hay una respuesta comprensible, algunas familias han revisado los electrodomésticos por si uno de ellos lleva años desajustando el sistema desde el salón. Un microondas consultado por este periódico negó toda responsabilidad y pidió que las acusaciones se presentaran por la mañana.

«Yo caliento la sopa y, como mucho, giro un plato», declaró el aparato a través de una etiqueta energética un poco despegada. Cerca del cuadro eléctrico, un hombre aseguró que el suyo «hace un clic con mucha autoridad». No supo decir si era una función técnica o intimidación doméstica.

La factura de septiembre junta el mercado mayorista y los servicios de ajuste, como dos invitados a cenar que han decidido cobrar el alquiler. El cuñado de la familia fue llamado para aportar claridad. Señaló un gráfico de colores durante cuarenta minutos y acabó diciendo que todo dependía «de Europa, del viento y de una cosa que se llama capacidad», antes de pedir el pan.

En el Ministerio de Cosas Que Se Entienden Después, la funcionaria imaginaria Marisa Tornillo aconseja mantener la calma, desenchufar lo que no se use y guardar la factura por si algún día aparece alguien capaz de traducirla. El recibo, por ahora, seguirá subiendo con la seguridad de quien sabe perfectamente el motivo y considera innecesario ajustarse a explicarlo.

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