El mercado encuentra un piso de 700 euros y pide verlo antes de que se escape
Las cooperativas de vivienda en cesión de uso ofrecen cuotas moderadas y, según los vecinos, la posibilidad de no dormir abrazado a una calculadora.

BARCELONA, encontrar una vivienda digna por unos 700 euros al mes ya no es una operación inmobiliaria. Se parece más a un avistamiento zoológico. Varios proyectos de vivienda cooperativa en cesión de uso de Cataluña permiten a sus socios acceder a pisos y espacios comunes con cuotas mensuales por debajo de las del mercado, a cambio de una aportación inicial. El hallazgo figura como «extraordinariamente improbable, pero no necesariamente imaginario».
El mercado del alquiler recibió la noticia con la cautela habitual y mandó a un representante a comprobar que el piso tuviera paredes, ventanas y algún electrodoméstico que no requiriese un máster en mantenimiento. «He traído una lupa y un bocadillo para la espera», explicó Anselmo Bragueta, inspector jefe de Fenómenos Habitacionales Razonables, organismo inexistente que, pese a ello, dispone de sello propio.
Hay una explicación, aunque no tranquiliza a nadie. Los proyectos cooperativos se basan en el derecho de uso de las viviendas y en zonas comunes. En la práctica, pagas una cuota mensual y compartes ciertos espacios sin que un casero te pregunte si, después de ducharte, sigues considerando imprescindible conservar la dignidad. Al enterarse, la comunidad de vecinos convocó un pleno extraordinario para decidir si los pasillos también podían entrar en régimen cooperativo.
“Acepto residentes, pero exijo que nadie vuelva a taladrar los domingos.”
La reunión se torció pronto. El edificio presentó sus propias condiciones. «Acepto residentes, pero nadie vuelve a taladrar un domingo», declaró el inmueble, según un acta redactada por una grapadora con estudios administrativos. El ascensor añadió que necesitaba cinco minutos diarios de silencio y una pequeña aportación inicial para dejar de fingir que se avería por motivos personales.
Luego llegó Hacienda. Alertada por la presencia de una vivienda asequible, desplegó una unidad de funcionarios dedicada a localizar la letra pequeña. Registraron tres armarios, un cajón de cubiertos y la zona posterior de una maceta. No hallaron nada fuera de lo corriente: había que poner dinero al principio. «Muy sospechoso», observó una calculadora científica que pasaba por allí. «Normalmente la sorpresa aparece en el tercer año.»
El Ayuntamiento no ha dicho nada sobre el caso, pero ya ha recibido una petición para proteger el piso como especie en peligro de extinción. El plan contempla vallado, visitas guiadas y un cartel para recordar a los turistas que no alimenten a la vivienda con contratos temporales. Jacinto Mimbre, concejal imaginario de Avistamientos Urbanos, afirmó que el consistorio estudiará si el alquiler de 700 euros puede declararse patrimonio inmaterial de la siesta.
Mientras tanto, los socios de estos proyectos siguen entrando en viviendas y compartiendo espacios mediante un modelo que existe de verdad. Eso ha desconcertado a varios expertos en milagros. En Barcelona conviene no acercarse deprisa al alquiler asequible, evitar movimientos bruscos y no mirar fijamente el precio de un piso antes de haber leído todas las condiciones.