Totalmente falsoInventado desde cero. No lo compartas como verdadOpinión · 2 min de lectura

Mis fuentes dicen que mis fuentes son excelentes

Una mirada exclusiva a la red más fiable del periodismo: yo, preguntándome a mí misma.

Foto de archivo: un espejo de baño
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: leemelina08 / Pixabay

La gente pregunta a menudo cómo consigo las exclusivas. Imaginan reuniones en garajes oscuros o maletines cambiando de manos en los pasillos de algún ayuntamiento. La realidad exige un rigor distinto. Para encontrar la noticia, yo me encierro en el baño. Me miro al espejo con los ojos muy abiertos y espero a que los secretos salgan solos.

Ese espejo no miente. Mi red de contactos opera de forma hermética, compuesta por mí misma en distintos estados de ánimo. Hay una fuente interna a la que llamo La Lola Que Madruga. Suele predecir desastres menores antes del primer café, casi siempre los martes. Y luego está La Lola Que Ha Comido Demasiadas Croquetas. Esta informante actúa como una garganta profunda que filtra datos muy duros sobre la pereza ajena y la falta de civismo en la comunidad de vecinos.

El sistema funcionó a la perfección ayer mismo. Mi editor pedía un texto largo sobre la rotonda nueva de las afueras. Llamar a la constructora o al concejal de urbanismo solo aporta la versión oficial. Convoqué una cumbre de urgencia con mi intuición en el pasillo que da a las habitaciones. «Lola, van a poner una escultura de acero oxidado carísima en el medio», me dijo mi informante principal. Llevaba mi pijama de franela.

“Mi monólogo interno está disponible las 24 horas y nunca exige una rectificación.” — Lola Fuentes, citándose a sí misma durante una profunda reflexión

Cualquier periódico serio exige contrastar los datos. Si el instinto huele un escándalo, yo verifico la historia con una segunda fuente independiente. Me acerco a la cocina y miro mi reflejo en la puerta del microondas. El tema va a portada si las dos instancias coinciden. Este método de autoverificación bloquea los datos empíricos para que no arruinen una narrativa limpia. Es el estándar de la casa. Muy superior a leer informes de Hacienda.

Las fuentes externas presentan un fallo de diseño evidente. Las otras personas mienten o simplemente no cogen el teléfono cuando toca cerrar la página. Un portavoz oficial solo va a repetir frases hechas. Mi imaginación especulativa, en cambio, está disponible las veinticuatro horas. Mi monólogo interno nunca manda un burofax pidiendo una rectificación y siempre apoya la línea editorial.

En la redacción de enfrente no lo entienden. Algunos compañeros dicen que mi método consiste en inventarme las noticias desde cero. Les falta talento para cultivar una voz interior que dicte columnas enteras. Siguen atrapados en esa costumbre de hacer preguntas a sujetos que han pisado el lugar de los hechos. Pobre gente. Pierden la mañana en ruedas de prensa mientras yo destapo escándalos urbanísticos sin soltar el mando de la tele.

Ténganlo en cuenta al leer la prensa de mañana. Cuando publique las intenciones secretas del presidente de la asociación de vecinos, recuerden el trabajo que hay detrás. Hay toda una red de Lolas trabajando en la sombra. Mis fuentes son excelentes y calzan mi mismo número de zapatos. Si alguien duda de los datos, pienso preguntármelo a mí misma en cuanto me levante.

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