SátiraNoticia real, exagerada hasta que confiesaPolítica · 2 min de lectura

La izquierda sella la paz interna solo para poder torpedear el frente electoral vecino

Expertos en confluencias advierten de que un apretón de manos entre dos líderes puede generar una onda expansiva capaz de partir tres siglas en dieciséis pedazos.

Foto de archivo: dos políticos dándose la mano
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: geralt / Pixabay

MADRID, el delicado equilibrio de la izquierda parlamentaria ha vuelto a moverse tras confirmarse que Gabriel Rufián repetirá como cabeza de lista de ERC por Barcelona en las generales. La paz interna republicana ha quedado sellada. Y eso ha puesto en marcha el procedimiento habitual del espacio progresista: estudiar una alianza electoral con Podemos que amenaza con desarmar por completo el tablero del Frente Amplio.

El Comité Estatal de Abrazos Asimétricos y Detonaciones Preventivas ha enviado técnicos a las inmediaciones del Congreso para vigilar la operación. Sus informes balísticos sostienen que el acuerdo de paz recién firmado concentra tanta energía cinética que no cabe en una carpeta sin hacer saltar la confluencia del despacho contiguo. En la política española, dicen los peritos, reconciliarse sirve sobre todo para preparar la zancadilla al vecino de bancada.

«Cuando vimos a dos dirigentes darse la mano sin intentar arrancarse un dedo, entendimos que alguien pagaría los platos rotos a trescientos kilómetros», explica don Primitivo Escuadra, mediador jefe del organismo. «La calma le sienta mal a la física electoral. Se firma un armisticio en Cataluña, la onda expansiva busca salida y termina encima del frente más amplio de la acera». Don Primitivo calcula que hicieron falta tres rollos de precinto para impedir que los negociadores cerraran subcoaliciones antes del primer café.

“Jamás vi tanta trigonometría para encajar un cuarto puesto en una lista.” — Severiano Calzas, camarero jubilado y testigo de pactos

La cosa recuerda a una junta de vecinos: dos propietarios, enfrentados durante años por el vado, pactan una tregua urgente y se ponen de inmediato a organizar la caída del presidente de la escalera. En la cafetería de las Cortes han retirado la pizarra del menú y han colocado matrices algebraicas. Hacía falta saber quién pacta con quién para aislar a quién. Las servilletas desaparecen a media mañana porque cada mesa dibuja diagramas destinados a probar que la unidad popular funciona mejor cuando deja fuera a media sala.

«Llevo décadas tras la barra y nunca había visto tanta trigonometría para encajar un cuarto puesto en una lista», apunta Severiano Calzas, camarero jubilado del barrio. «Piden un pincho de tortilla, firman una concordia eterna con los ojos vidriosos y, antes de pagar, ya están montando una confluencia paralela con cuatro amigos. Es un arte. Exige mucha siesta y dominio absoluto del rencor constructivo».

El laboratorio ha tomado nota de tanto movimiento. Desde el Laboratorio Central de Geometría Electoral advierten de una fisión de siglas inminente. Sus modelos indican que, cuando dos fuerzas deciden colaborar amistosamente, hay casi un noventa por ciento de probabilidades de que una tercera anuncie su refundación bajo un nombre todavía más largo. Los técnicos recomiendan no manipular borradores de acuerdos en días de viento: algún fragmento de lista conjunta podría alcanzar a votantes desprevenidos.

Los ciudadanos contemplan el baile con la flema de quien ya ha visto llover sobre mojado. Se calculan porcentajes de afecto, se revisan cláusulas de demolición mutua y los expertos piden calma. Al final, pocas cosas unen tanto a dos formaciones políticas como la perspectiva de reventar el tinglado de la mesa de enfrente.

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