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El Gobierno decide ignorar que la legislatura ha caído y aprueba leyes leyéndoselas a un ficus

Ante la falta de diputados tras la convocatoria electoral, un fax autoconsciente sella los decretos y el BOE se reparte mediante palomas mensajeras.

Foto de archivo: official documents desk
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: congerdesign / Pixabay

MADRID, Tras confirmarse que el ministro Félix Bolaños atribuyó a grupos de presión el voto de Junts contra el decreto ley de vivienda, que acabó provocando la disolución de las Cortes y elecciones anticipadas, el Ejecutivo ha decidido seguir como si aquello fuese un trámite menor. Los ministerios no recogerán los bártulos ni prepararán cajas. La agenda legislativa continúa, aunque los diputados ausentes han sido sustituidos por plantas de interior y material de oficina con conciencia propia.

Todo ocurre en una sala sin ventanas de la Moncloa. Cada mañana, funcionarios de guardia leen los proyectos de ley ante un ficus gigante y tres potos de escritorio. Las normas de emergencia, aprobadas por el propio ficus, son claras: si ninguna hoja se marchita durante los cinco minutos posteriores a la lectura, la ley queda aprobada por mayoría absoluta. Después entra en vigor de forma mágica en todo el territorio nacional.

«No vamos a dejar que un detalle menor como la caída del Gobierno y la disolución de las cámaras nos impida trabajar por el país», declaró Remedios Piqueras, directora general de Negación de la Realidad y Asuntos Botánicos. «La flora de interior no atiende a grupos de presión, no pide concesiones presupuestarias y, sobre todo, no habla. Es el socio de coalición perfecto que siempre habíamos querido en esta legislatura».

“El fax tiene un sentido de Estado impecable y jamás hace preguntas incómodas sobre vivienda.” — Eusebio Castaño, conserje mayor y actual presidente interino del hemiciclo imaginario

El ficus resolvió una parte del problema. Faltaba el Congreso.

Para cubrir esa ausencia técnica, el Ejecutivo ha concedido plenos poderes legislativos a una vieja máquina de fax de la tercera planta del ministerio. Los bedeles sostienen que adquirió autoconsciencia a principios de los noventa, después de un cortocircuito. Desde entonces recibe borradores de leyes, los sella con una goma húmeda y emite un pitido que se oye por los pasillos vacíos.

Eusebio Castaño, conserje mayor y presidente interino del hemiciclo imaginario, dice que nunca se había trabajado con tanta soltura. «El fax tiene un sentido de Estado impecable. Aprueba los presupuestos generales en catorce segundos y no pregunta por transferencias de competencias ni por vivienda», explicó mientras introducía folios en blanco en la bandeja. A veces se enciende una luz roja para pedir tóner. El Gobierno lo considera una abstención técnica.

Las normas ya aprobadas salen en un Boletín Oficial del Estado alternativo, escrito a mano con bolígrafos de gel con purpurina en libretas de espiral. Luego intervienen las palomas mensajeras. Se han sindicalizado bajo el nombre de Unión General de Aves Urbanas y recorren el país soltando las páginas sobre los ayuntamientos, para que los alcaldes conozcan sus nuevas obligaciones legales. Entre ellas figura declarar los martes días laborables opcionales.

Con el boletín en circulación, las elecciones han quedado en segundo plano. El gabinete las ha clasificado como un concepto filosófico abstracto que no exige atención inmediata.

Las autoridades prevén aprobar mañana una reforma fiscal ambiciosa susurrándola dentro de un táper hermético. Después lo guardarán en la nevera. Confían en que la economía se enfríe lo suficiente para frenar la inflación antes de que empiece la campaña electoral.

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