SátiraNoticia real, exagerada hasta que confiesaPolítica · 2 min de lectura

La campaña de Irene Montero estrena el color «ninguno»

La nueva estrategia electoral elimina logo, nombre y morado de Podemos hasta dejar los carteles preparados para pasar desapercibidos.

Foto de archivo: cartel publicitario en blanco en la calle
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: Pexels / Pixabay

MADRID, La nueva campaña electoral de Irene Montero ha retirado de carteles y web el logotipo, el nombre y el morado habitual de Podemos. La comunicación política entra así en una fase nueva: solicitar el voto sin dar demasiadas pistas sobre quién lo solicita.

En los carteles, el lugar reservado a la identidad del partido contiene blanco, silencio y una zona que los diseñadores llaman «margen de interpretación». La tipografía procura no hacerse notar. Algunos titulares solo aparecen si inclinas el móvil hacia la luz, como una factura que preferirías no haber abierto.

«Queríamos evitar que la campaña condicionase al elector con información innecesaria», explicó Leocadia Brújula, portavoz de la ficticia Oficina para la Desaparición Elegante de las Siglas. La comparecencia tuvo lugar junto a una impresora desenchufada. «La gente podrá acercarse al cartel, leerlo entero y seguir sin saber qué color debe defender en la comida familiar».

“La gente podrá votar sin saber qué color debe defender en la comida familiar.” — Leocadia Brújula, portavoz de la ficticia Oficina para la Desaparición Elegante de las Siglas

El sector publicitario ha recibido la idea con alivio. Llevaba años pidiendo campañas que se pareciesen más a una nota de la comunidad de vecinos, aunque sin concretar por qué. «Por fin un proyecto político que no grita su nombre desde la marquesina», dijo Nicanor Salvatierra, director del imaginario Instituto Superior de Diseño para Pasar Desapercibido. Según sus cálculos, el material puede confundirse con una convocatoria de reunión, un aviso de Hacienda o una disculpa pendiente desde hace meses.

La discreción continúa en la web. El visitante encuentra varios espacios limpios, un botón de color indeterminado y un menú que, al desplegarse, enseña «próximamente» con la calma de quien ha decidido no apresurarse. La sección de identidad visual recomienda, directamente, no preguntar por la identidad visual.

También hay ventajas prácticas. Fuentes del mercado de la cartelería, representadas por un hombre junto a una guillotina de papel, sostienen que retirar el morado ahorrará discusiones sobre tonos. «Antes tocaba aclarar si era púrpura, violeta o morado de toda la vida», señaló. «Ahora basta con decir que es el color de una pared recién pintada y seguir con el pleno municipal».

El asunto ya ha llegado a las academias de comunicación política. Varias revisan sus manuales para añadir un capítulo llamado Cómo ser reconocible sin ser identificado. Incluye recursos como esconder el logotipo detrás de una planta, imprimir el nombre con tinta simpática o confiar en que el electorado recuerde la papeleta por intuición, costumbre o pura perseverancia. Nada especialmente garantizado.

Por ahora, los datos son sencillos: el logotipo, el nombre y el morado de Podemos han desaparecido de los materiales promocionales y de la web. Lo demás, incluida la opción de confundir un cartel con una convocatoria para pintar el portal, forma parte de la imaginación electoral, que sigue teniendo bastante espacio libre.

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