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Sol clausura sus andenes y solicita representación sindical ante la ciudad

La estación será limpiada por insalubridad, aunque sus tornos han aprovechado el cierre para exigir jornada de cuatro horas.

Foto de archivo: official documents desk
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: congerdesign / Pixabay

MADRID, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, anunció el cierre de la estación de Metro de Sol durante la jornada para acometer labores urgentes de limpieza y seguridad. La medida se presentó como respuesta a la insalubridad del recinto. Dentro de la estación, la noticia provocó alivio, dignidad herida y ese silencio administrativo que tarda en irse.

Unos minutos después, los tornos convocaron una asamblea extraordinaria junto a la salida de Alcalá. Anselmo Rodapié, portavoz provisional de la Plataforma de Torniquetes Exhaustos, explicó que llevan años girando sin descanso. El cierre les concede «una oportunidad histórica para dejar de tragarnos a la gente durante unas horas». Piden pausas, ventilación y que nadie vuelva a describirlos como simples barreras.

Las papeleras del vestíbulo añadieron un problema más. Comunicaron que dejarían de recoger folletos de protesta hasta contar con convenio colectivo. «Nos llenan de octavillas, recibos y cáscaras de mandarina, pero jamás se nos pregunta cómo estamos», declaró Pura Contenedor, presidenta de la Asamblea de Papeleras con Pedal. Llevaba una pegatina con el lema «También tenemos fondo». Nadie aclaró si hablaba del fondo de la papelera.

“No pedimos privilegios, solo que nos limpien sin llamarnos insalubres” — Anselmo Rodapié, portavoz de la Plataforma de Torniquetes Exhaustos

Con ese ambiente, la limpieza quedó suspendida cuarenta minutos. La estación exigía un mediador neutral y el Ayuntamiento envió a Evaristo Censo, funcionario de la Oficina para la Mediación de Objetos con Bisagras. Llegó con una carpeta vacía y un sello que únicamente estampaba «quizá». Escuchó a los tornos, a las papeleras y a una escalera mecánica que se declaró no binaria en dirección. Luego pidió un receso para consultar a su grapadora.

En las inmediaciones, el campamento de pancartas presentó sus propias alegaciones. Según varios testigos, las pancartas cambiaban de consigna cada vez que detectaban una cámara. Reclamaban que la estación dejara de considerarse un problema de seguridad y pasara a ser «un espacio de diálogo con demasiadas corrientes de aire». Una pancarta amarilla, con tres signos de exclamación, pidió además una comisión parlamentaria que investigase el trato dispensado a los fluorescentes.

Ya a última hora de la mañana, varias máquinas expendedoras trataron de inscribir la estación como cooperativa de crédito. Abandonaron el trámite al descubrir que sus monedas eran pequeñas opiniones sobre el precio de la vivienda. El único testigo humano disponible esperaba a alguien desde 2019. Dijo que todo le parecía razonable y preguntó si el cierre incluía también su relación.

Las labores urgentes de limpieza y seguridad seguirán mientras Sol permanezca cerrada, según el anuncio. Lo demás pertenece a la imaginación, donde la estación prepara un pleno municipal, una huelga de escaleras y una moción de censura contra el polvo. «No pedimos privilegios, solo que nos limpien sin llamarnos insalubres», resumió Rodapié desde el interior de un torno.

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