La cola del registro entra en bucle infinito y el ayuntamiento la declara rotonda peatonal
Ventanilla 2 se niega a atender a los afectados porque un circuito administrativo cerrado carece legalmente de primer turno.

CASTRILLO DE ARRIBA, la Oficina de Atención al Ciudadano afronta una crisis geométrica sin precedentes desde que la fila del padrón municipal dio dos vueltas a la manzana y acabó por unirse consigo misma. El vecino que encabezaba la cola, llegado a las ocho para renovar un permiso de vado, enlazó sin querer con el último solicitante de un certificado de fe de vida. Desde entonces hay un circuito cerrado. Salir implica perder el turno reglamentario.
Treinta y cuatro personas caminan en círculos alrededor del consistorio a uno coma dos kilómetros por hora. El artículo 19 de la ordenanza municipal establece que quien abandone la fila física antes de oír su nombre por megáfono pierde la cita previa de forma irrevocable y deberá esperar al siguiente ejercicio presupuestario. Don Cipriano Melgar, jefe de sección de Trámites Presenciales, confirmó que la ventanilla única está paralizada: la normativa no dice qué hacer con una cola circular.
«Un anillo peatonal carece por definición de primero y de último, de modo que llamar al siguiente número supondría una prevaricación topológica», explicó Melgar por el interfono. Mientras hablaba, sellaba papeles en blanco para conservar el ritmo laboral. «Desde el punto de vista del derecho administrativo, eso de ahí fuera es una glorieta humana sin señalizar. Este departamento tramita certificados de empadronamiento y expedientes sancionadores. Las rotondas vivientes quedan fuera de nuestras competencias».
“«Lo que tenemos ahí fuera no es una cola, sino una glorieta humana no señalizada»”
La falta de salida ha creado su propia rutina. El dueño del bar de la esquina reparte cafés con leche y pinchos de tortilla al paso; cobra con datáfono cada vez que la comitiva completa una vuelta. Los afectados avanzan acompasados para no pisar carpetas y se relevan al sujetar las fotocopias compulsadas del documento nacional de identidad cuando pasan junto a la fuente de la plaza. Ya no hay tiempo para discutir el orden. En realidad, nadie sabe dónde empieza.
«Llevo veinticuatro vueltas detrás de un señor con una póliza de cinco céntimos y no voy a romper la formación ahora», declaró Ambrosio Valiente, agricultor local que acudió a primera hora para convalidar la tasa del tractor. Su cuñado le propuso por teléfono acelerar el paso hasta alcanzarse por la espalda y así duplicar las posibilidades de llegar al mostrador. Valiente rechazó el plan por riesgo de infracción grave. La fila, en cambio, ha elegido presidente de comunidad.
El asunto ha pasado de los papeles a los adoquines. Evaristo Carrión, arquitecto del consistorio, calcula que treinta y cuatro pares de zapatos arrastrados sin descanso desgastan el suelo a una velocidad preocupante. Si siguen girando hasta el viernes, añadió, la masa de solicitudes formará un vórtice gravitatorio capaz de absorber el buzón de correos y alterar la hora del campanario.
El personal se niega a abrir la Ventanilla 3 antes del café. Por eso el pleno municipal se reunirá de urgencia para decidir si declara la fila Bien de Interés Cultural en movimiento o instala un ceda el paso frente al registro, con la esperanza de frenar la rotación por civismo. Mientras tanto, los vecinos continúan dando vueltas, carpeta en mano, pendientes de que alguien pronuncie el número infinito.