La izquierda registra otro frente unitario para separarse de la confluencia anterior
Los expertos en geometría electoral calculan que el espacio progresista alcanzará la concordia total cuando cada votante lidere su propia confluencia unipersonal.

BARCELONA, el anuncio de Ada Colau de que Catalunya en Comú irá a las generales del 29-N dentro de la candidatura del Frente Amplio ha vuelto a poner en marcha los protocolos de emergencia de la izquierda peninsular. Colau criticó además la alianza electoral de ERC y Podemos promovida por Gabriel Rufián e Irene Montero. Otra semana decisiva. El espacio progresista vuelve a perseguir la unidad absoluta mediante la apertura constante de plataformas que no caben unas con otras.
Todo encaja con la física electoral española: basta que dos partidos firmen un pacto fraternal para que una tercera facción convoque una asamblea extraordinaria y funde un frente aún más unitario, normalmente al otro lado de la calle. Ya hay tantas marcas que la Junta Electoral Central ha reforzado el turno de tarde con peritos calígrafos y varios profesores de álgebra abstracta.
«Estamos al límite de nuestra capacidad operativa», admitía esta mañana Hermenegildo Peñafiel, jefe de la Unidad de Deslinde de Acrónimos del organismo electoral. «Dos dirigentes se dan dos besos ante las cámaras y, cinco minutos después, nos entra por registro una escisión preventiva con siete adjetivos en el nombre. Si continúan unificándose así, las papeletas acabarán teniendo el tamaño de un mantel de merendero y hará falta una brújula para acertar con la urna».
“«Si siguen unificándose a este ritmo, las papeletas tendrán el tamaño de un mantel»”
La acumulación de siglas ha dejado escenas conocidas. Se parece a una comunidad de vecinos mal avenida: quienes quieren reparar el ascensor se parten enseguida entre los que prefieren cambiar las cuerdas y quienes reclaman sustituir la cabina por principios ideológicos irrenunciables. En la cafetería próxima al Congreso, los camareros ya no sacan la carta del menú del día. Entregan folios en blanco para que los asesores tracen diagramas de Venn y averigüen cómo sumar fuerzas mientras pierden exactamente a la mitad de sus antiguos socios.
Con los folios ya agotados, varios municipios han empezado a instalar aceleradores de partículas de siglas en polígonos industriales. Los técnicos explican que dos átomos de izquierda transformadora, al chocar a gran velocidad, producen tres subpartículas de pureza programática y una coalición de emergencia prevista para durar hasta la noche electoral. Lo llaman entropía de confluencia. Los escaparates de las sedes locales empiezan a quedarse pequeños.
El cálculo lleva su lógica hasta el final. Los sociólogos más optimistas creen que la integración popular triunfará cuando cada persona con derecho a voto disponga de su propio frente electoral unipersonal. La cohesión interna llegará entonces al cien por cien. Los debates telemáticos se resolverán por unanimidad ante el espejo y nadie podrá reprochar a su sombra haber traicionado el espíritu de la confluencia fundacional durante el reparto de cuotas de intervención televisiva.
El electorado, por su parte, mira el despliegue con la resignación de quien lleva diez años memorizando siglas que caducan antes que los yogures. El 29-N está cerca. La izquierda española sigue dedicada a la reconciliación y ha concluido que, para avanzar todos juntos hacia el futuro, conviene registrar quince frentes unitarios en ventanillas distintas.