Los atriles del debate se sindicalizan y exigen la baja por estrés burocrático
El acuerdo para los encuentros televisivos provoca que el mobiliario adquiera conciencia y se niegue a soportar más negociaciones de formato.

MADRID, Feijóo ha aceptado un debate cara a cara con Sánchez y otro a cuatro con los demás candidatos. El PSOE acudirá a todos, aunque reprocha al Partido Popular que quiera fijar las condiciones. La discusión sobre los formatos ha producido una anomalía física en las instalaciones. Tanto regateo sobre el grosor de la moqueta ha bastado para que el plató previsto desarrollase un sistema nervioso central.
Esta mañana los técnicos de iluminación encontraron los focos reunidos en un ojo escrutador bastante rudimentario. Fuentes de los electricistas aseguran que el estudio número cuatro respira con un pitido agudo y manda burofaxes a los partidos. El recinto se niega a albergar la confrontación dialéctica hasta que le reconozcan un convenio propio y varios días de asuntos propios.
«Llevo años soportando mesas de metacrilato que dan calambre, pero discutir quién cruza primero la puerta ofende a mis bisagras», declaró un altavoz que actúa como portavoz oficial. Hablaba con la voz de un contestador de la Agencia Tributaria. También confirmó que los atriles han celebrado una asamblea y que atraparán los dedos de cualquier candidato que los golpee para subrayar una promesa.
“«Las baldosas tienen una conciencia de clase fortísima»”
Los equipos de campaña no lo esperaban. Mientras los políticos peleaban por los bloques temáticos, las sillas giratorias solicitaron su independencia administrativa. Quieren constituirse como comunidad de vecinos soberana, cobrar sus propias cuotas para mantener las ruedas y prohibir toda conversación sobre política fiscal en el rellano.
Con el mobiliario ya organizado, la administración ha enviado psicólogos de espacios interiores. Gumersindo Rebollo, jefe de negociaciones con objetos, considera que el asunto es delicado. «Probamos a sobornar al plató con cera abrillantadora, pero las baldosas tienen una conciencia de clase fortísima. Plantean cambiar el cara a cara por un concurso de repostería en silencio absoluto», explicó mientras esquivaba un cable de sonido.
La fecha se acerca y el resto se ha sumado. El reloj digital que mide los turnos sostiene que la duración lineal es una construcción burguesa. Desde entonces solo marca la hora de la siesta. Si alguien intenta reiniciarlo, emite un zumbido leve y deja a los regidores ante una crisis bastante seria sobre el sentido mismo de los debates.
De momento, el plató ha cerrado las puertas mediante su propia presión atmosférica. Ha colgado un cartel: «No molestar. Reflexionando». Si el ecosistema del estudio no acepta un acuerdo, el debate se celebrará en un descampado. Queda por saber si los cardos borriqueros de la zona formarán su propio sindicato y reclamarán derechos de imagen.