Los universitarios podrán desconectar del móvil y del universo académico
El nuevo estatuto reconoce la desconexión digital y la atención psicológica gratuita, mientras los campus preparan su salto definitivo a modo avión.

MADRID, El Consejo de Ministros ha aprobado el nuevo Estatuto del Estudiantado Universitario. Reconoce, entre otros derechos, la huelga académica, la conciliación, la desconexión digital y la atención psicológica gratuita. La norma llega a tiempo para los exámenes y las matrículas, esa fase del curso en la que el correo electrónico adquiere facultades para producir ansiedad.
Tras leer el título del documento, la comunidad universitaria ha decidido que la novedad más útil será otra: el estudiante podrá dejar mensajes sin responder fuera del horario académico sin preparar una defensa de siete párrafos. Verá la notificación. Notará cómo el alma se desplaza unos centímetros. Y activará la desconexión digital con la gravedad de quien baja la persiana de un bar.
«Durante años se ha confundido la responsabilidad con estar disponible a cualquier hora», explicó Nicanora Valduerna, portavoz de la Comisión para el Silencio Selectivo y la Siesta Académica. «Ahora el alumno podrá ignorar un aviso del profesor sin que el teléfono le persiga por el pasillo convertido en una gaviota con toga».
“Este silencio también es académico.”
Con el teléfono ya apartado, queda el resto de la vida. El derecho a la conciliación permitirá, al menos en la imaginación más ambiciosa del alumnado, compaginar las clases con un empleo, la familia, descansar un poco y mirar al techo durante veinte minutos por razones constitucionales. Una práctica podrá aplazarse si coincide con una cita médica o una responsabilidad familiar. Para una crisis existencial de intensidad media hará falta documentación, y letra legible.
La huelga académica tendrá varias interpretaciones. Algunos estudiantes entienden que consiste en no hacer nada durante un día y denominarlo participación democrática. Otros no irán a clase. Habrá quien acuda, abra una pestaña con una serie y sostenga que se trata de una protesta de mayor elaboración técnica. La cuestión sigue en manos de una comisión que lleva tres cursos discutiendo qué significa exactamente «presencial».
También habrá alguien a quien atender. La atención psicológica gratuita ha aliviado a quienes llevan meses intentando separar el estrés normal del agotamiento y del instante preciso en que el calendario de entregas empieza a parecer una amenaza personal. «Nuestra recomendación es respirar, pedir ayuda y no organizar una tutoría a las tres de la mañana», señaló Evaristo Cebrián, coordinador del Servicio de Bienestar y Otras Cosas que Habría que Haber Mirado Antes.
En los campus ya ensayan formas nuevas de cortesía digital. «Te respondo cuando pueda» pasaría a ser «te respondo cuando el estatuto, mi sistema nervioso y la rotación de la Tierra lo consideren oportuno». Los grupos de clase tendrán un icono de persiana bajada. Y cada notificación sin abrir llegará acompañada, para el profesorado, de una tarjeta discreta: «Fuera de horario, este silencio también es académico».
Falta comprobar cómo se aplican todos esos derechos. De momento, los estudiantes han celebrado la reforma con una operación institucional de notable exigencia: apagar el móvil, tumbarse un rato y no explicárselo a nadie. Según fuentes perfectamente descansadas, la convocatoria ha sido un éxito rotundo.