La burocracia universitaria convoca su tercer motín del año y exige despacho propio
La dimisión de la cúpula de la Fundación Complutense ha dejado paso a una rebelión de impresoras, sellos y expedientes con reivindicaciones salariales.

MADRID, La cúpula de la Fundación Complutense ha dimitido tras unas dificultades económicas que ya habían dejado otras renuncias y ceses por el camino. El campus más grande de España suma así su tercer motín de liderazgo en un año. La cifra procede de la contabilidad oficial, alojada en una hoja de cálculo que se niega a abrirse.
La burocracia del campus aprovechó la ocasión. Ayer constituyó la Asamblea General de Objetos con Grapa y entregó un documento de 184 páginas: todas en blanco, salvo la portada. «Llevamos décadas sosteniendo decisiones ajenas sin que nadie nos pregunte cómo estamos», declaró Filomena Tiralíneas, portavoz del colectivo y archivadora beige. «Y el cajón de incidencias está lleno de cosas que nadie quiere admitir como propias».
La asamblea empezó por convocar una huelga de sellos. No estamparán papeles que no incluyan una casilla para expresar sentimientos. Los tampones de tinta reclaman el reconocimiento de su trabajo emocional durante la matrícula y cinco minutos de descanso entre cada «recibido». Miles de trámites podrían verse afectados. Varios formularios, por su parte, han dicho que no secundarán la protesta porque «ya estaban bloqueados de antes».
“No aceptaré otra comisión hasta que alguien me cambie la bombilla”
Los sellos abrieron la puerta. A media mañana se sumaron las impresoras, mediante un comunicado expulsado sobre papel térmico. Piden elegir sus propios atascos, cobrar una paga extraordinaria por cada documento enviado a quien no correspondía y poder imprimir en color cuando toque, sobre todo en cumpleaños. La impresora de gestión, P-47, añadió una reclamación más breve: que dejen de llamarla «equipo periférico».
La negociación recayó en Maruja Celdilla, secretaria accidental del Comité de Asuntos Que No Pueden Esperar. Intentó citar a las partes en una sala reservada. La sala se declaró independiente: llevaba años acogiendo reuniones sobre su futuro sin haber sido consultada. «No aceptaré otra comisión de seguimiento hasta que alguien me cambie la bombilla», informó desde la pared norte.
Entonces intervino un expediente de contratación. Solicitó traslado a una estantería con vistas al exterior. Rechazaron la petición porque faltaba un informe sobre la tristeza de los archivadores, y unas carpetas amarillas ocuparon simbólicamente la fotocopiadora. Eligieron presidente a un folio doblado en tres. El folio prometió estabilidad y transparencia; también anunció una reforma integral del margen izquierdo.
Al cierre de esta edición, la hoja de cálculo continuaba sin abrirse. Hacienda, como concepto abstracto, observaba desde una nube. El campus solo ha confirmado las dimisiones y las dificultades económicas ya conocidas. El resto, incluidas las demandas de la papelería, procede de objetos que probablemente necesitan vacaciones.