SátiraNoticia real, exagerada hasta que confiesaPolítica · 2 min de lectura

Los médicos aplazan la huelga y lamentan quedarse sin estrenar las pancartas

El adelanto electoral tumba la ley sanitaria antes del 28 de octubre, dejando a miles de facultativos con un cabreo espectacular y los megáfonos cargados sin motivo.

Foto de archivo: official documents desk
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: congerdesign / Pixabay

MADRID. Los sindicatos médicos han suspendido la huelga del 28 de octubre. El Gobierno colapsó antes de que pudieran gritarle en la calle. El adelanto electoral al 29 de noviembre fulminó la polémica ley sanitaria. Miles de facultativos tienen las pancartas recién pintadas. Absolutamente nada contra lo que protestar.

Esa pintura acrílica azul tardará un poco en secarse. El ambiente en las salas de descanso es un anticlímax absoluto. Llevan semanas preparando los termos de café de un litro. Compraron zapatillas ortopédicas para pisar asfalto durante horas. Ahora los sanitarios sienten que les han robado el derecho constitucional a pasar frío sujetando un trozo de cartón en la vía pública.

Ese cartón se quedará apoyado en la taquilla de los vestuarios. «Es una falta de respeto institucional», declara Cayetano Estetoscopio, secretario del Departamento de Indignación No Utilizada. Venían con un cabreo enorme. Tenían los megáfonos cargados con doce pilas alcalinas y unas rimas consonantes con la palabra recortes. Y la ley se cancela sola por el adelanto de las urnas. Les han quitado la ilusión de un plumazo.

“La economía no está para desperdiciar material de protesta virgen.” — Una señora que pasaba por la entrada de urgencias

Esa ilusión requería cuadrar agendas casi imposibles. Bloquearon los turnos del jueves expresamente para ir a quejarse. Algunos cirujanos pegaron radiografías lumbares a sus carteles de protesta. El proyecto de manualidades les llevó varios fines de semana en la mesa de la cocina. Ahora la obra solo sirve como cuadro abstracto para la pared del pasillo.

Un cuadro abstracto no asusta a ningún político. La disolución de las Cortes mata el proyecto de ley. Han logrado su objetivo con un esfuerzo físico nulo. Pero esta victoria sin sudar la camiseta provoca una crisis existencial en los ambulatorios. Ganar sin tragar humo de bengalas ni escuchar silbatos de plástico se siente vacío. Es como si te dieran la especialidad médica en una caja de copos de avena.

El vacío existencial necesita parchearse rápido. Varias secciones sindicales intentan redirigir la furia hacia los problemas diarios del hospital. Unos pediatras consideraron montar un piquete frente a la máquina de sándwiches del sótano. Los anestesistas planearon una sentada en protesta por las servilletas de papel de lija de la cafetería. Ninguna de estas pataletas iguala la adrenalina de tumbar una ley nacional.

La cafetería no da la talla como enemigo del pueblo. «Buscamos alternativas para amortizar las pancartas», explica una señora con una jeringuilla gigante de cartón piedra junto a Urgencias. Piensa tachar el nombre del ministerio. Pondrá el del presidente de su comunidad de vecinos del cuarto B. A ver si consiguen que arreglen el ascensor de una vez. El listón de madera le costó cinco euros en la ferretería y no piensa tirarlo porque la economía no está para desperdiciar material de queja sin usar.

Esos cinco euros exigen rentabilidad inmediata. Los sindicatos aplazan la huelga indefinida. Guardan las quejas dobladas en un cajón del archivo por si el próximo Ejecutivo propone otra barbaridad. Hasta entonces, los médicos canalizan esta agresividad escribiendo recetas con una letra mucho más incomprensible de lo habitual. Y mantienen un contacto visual letal cuando le piden a un paciente que baje el colesterol.

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