SátiraNoticia real, exagerada hasta que confiesaPolítica · 2 min de lectura

La izquierda del PSOE elegirá a su candidato un día después de votar

El Frente Amplio acuerda convocar otras trescientas asambleas de urgencia para debatir si el logotipo de la coalición debe llevar un tono magenta o fucsia.

Foto de archivo: official documents desk
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: MrWashingt0n / Pixabay

Llegar a un acuerdo a la izquierda del PSOE es una tradición española con más recorrido que discutir con el cuñado en Nochebuena. Falta un mes para las elecciones generales del veintinueve de noviembre y el Frente Amplio sigue sin candidato oficial. Los sociólogos ya estudian el caso como una penitencia colectiva, aunque todavía no han logrado decidir en qué sala.

La negociación se ha quedado en el punto cuatro del orden del día: determinar si la tipografía del cartel electoral es demasiado burguesa para la clase trabajadora. Un comité de sabios y sabias lleva catorce días encerrado en un polideportivo municipal. Discuten si la palabra «coalición» oprime a los indecisos. De momento, solo han aprobado pedir pizzas para cenar. Tampoco hubo unanimidad: alguien sostuvo que la masa fina supone una concesión imperdonable a la derecha.

El debate de la tipografía ha dejado paso a asuntos más graves. Como observadora habitual de esta danza cósmica, reconozco cierta belleza en repetir los errores de dos mil veintitrés con bastante más empeño. Ganar las elecciones parece secundario. La prioridad es celebrar el debate interno más puro y agotador del hemisferio norte.

“«Llevamos tres semanas discutiendo si el orden de los apellidos discrimina a los Zamora»” — Eusebio García, militante simultáneo en quince confluencias

Una fuente anónima del sector crítico del subgrupo moderado confirmó ayer que elegirán cabeza de lista el treinta de noviembre, un día después de que los ciudadanos acudan a votar. «Las prisas son malas consejeras y no queremos ceder ante la presión de la democracia representativa», explicó mientras tejía una bufanda morada. El proceso es minucioso. A un aspirante lo descartaron porque sonreía de manera excesivamente neoliberal en la foto del carnet de identidad. El círculo vecinal consideró que aquello requería una respuesta.

Con los criterios ya fijados, llegó el turno de revisar los calcetines. A otra posible líder la vetaron al descubrir que, en la primavera de mil novecientos noventa y ocho, compró unos sin consultar antes a las bases de su barrio en una consulta vinculante. La pureza ideológica exige sacrificios. El principal consiste, al parecer, en no acercarse a las urnas y así evitar que la realidad de gobernar manche el programa electoral.

Los militantes que acuden a estas asambleas empiezan a desarrollar recursos de supervivencia extrema. Eusebio García, jubilado y afiliado, según dice, a quince confluencias distintas a la vez, bebe agua de los floreros del ayuntamiento y mastica los folletos de las enmiendas rechazadas. «Llevamos tres semanas discutiendo si el orden alfabético de los apellidos discrimina estructuralmente a quienes se apellidan Zamora», cuenta. Tiene la mirada de quien ha visto cosas que los ciudadanos corrientes no llegarían a creer.

Y el calendario no espera. La cuenta atrás hacia el veintinueve de noviembre sigue, sin especial interés por la deliberación colectiva. Las imprentas aguardan los archivos de las papeletas. Desde la sede de la coalición les han pedido, por ahora, millones de folios en blanco para que cada votante redacte sus propias reflexiones sobre el modelo de Estado. Gobernar ya se verá. Tener razón en el pleno municipal, eso sí, permanece intacto.

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