SátiraNoticia real, exagerada hasta que confiesaPolítica · 2 min de lectura

Bruselas fía el futuro tecnológico de Europa a un agujero en un descampado español

La Unión Europea asegura que la crisis de semiconductores se solucionará en cuanto pasen las fiestas del pueblo y quiten los tractores.

Foto de archivo: agujero en un descampado rural con tractores
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: Arcaion / Pixabay

BRUSELAS, La Comisión Europea ha decidido que la soberanía tecnológica del continente y el porvenir de la inteligencia artificial pasan por abrir un agujero considerable junto a un polideportivo municipal español. Europa quiere depender menos de materias primas de fuera y ha escogido dos proyectos españoles: uno extraerá cobre y el otro procesará wolframio. En esos terrenos pastan cuatro cabras y, cuando toca, se dejan allí los tractores.

«La única forma de frenar a las superpotencias asiáticas es cavar muy profundo cerca de la rotonda nueva que hicieron a la entrada del municipio», explicó Jens-Erik Vandenberg, un señor de traje gris al que han nombrado Director General de Agujeros Estratégicos. Bruselas sostiene que el wolframio procesado en España protegerá a Europa de la irrelevancia tecnológica. Salvo que la crisis mundial de suministros coincida con agosto.

La noticia ha despertado una alegría prudente en las regiones afectadas. Los vecinos aceptan que ahora les corresponde custodiar Occidente entre partidas de petanca y caminos rurales. Mariano Cepeda, presidente de la asociación de petanca y agregado minero desde hace poco, ya tasa las tierras. «Si Europa quiere cobre para esos coches que no hacen ruido, estupendo, pero el camino del cementerio no se toca porque por ahí pasa la procesión», sentenció, marcando una línea roja diplomática con el bastón.

“«El camino del cementerio no se toca porque por ahí pasa la procesión»” — Mariano Cepeda, presidente de la asociación de petanca y agregado minero

El asunto exige papeles. Las instituciones prometen proyectos sostenibles y resilientes, dos términos que en la comarca nadie acaba de traducir, aunque todos los relacionan con expedientes que no terminan nunca. Un documento oficial afirma que la extracción convivirá en perfecta armonía con el ecosistema de la romería anual y los torneos de mus. Lo redactaron funcionarios que, según parece, no han pisado un campo sin asfaltar.

También hay visión de futuro. «La idea es que los microchips del mañana nazcan directamente del polvo y el sudor ibérico», declaró una máquina expendedora del Parlamento Europeo mediante un altavoz averiado. El wolframio saldrá después hacia Alemania en camiones obligados a sortear los socavones de la carretera comarcal. Los expertos comunitarios llaman a eso «test de estrés logístico ibérico».

Por ahora han mandado a varios técnicos con chalecos reflectantes. Miran el suelo durante un rato, señalan el horizonte y toman nota: el protocolo habitual para inaugurar un hito industrial. En los huertos ya se vigila cualquier piedra que brille un poco. Un guijarro puede acabar siendo, según el propietario que lo encuentre, la pieza decisiva de un satélite militar.

La Comisión enviará además una delegación de observadores internacionales al único hostal de la zona. Deberán comprobar que la extracción de cobre no altere la siesta de los jubilados. Entre una inspección y otra redactarán informes de seiscientas páginas sobre cómo influye la ensaladilla rusa en la productividad minera comunitaria.

Si el plan funciona y los semiconductores se salvan a golpe de pico y pala, Europa ya tiene preparado el siguiente paso. Algunas filtraciones apuntan a una búsqueda de titanio en el fondo de una acequia para resolver la próxima crisis de componentes espaciales. El futuro de la humanidad seguirá debajo de un zarzal, donde ha estado todo este tiempo.

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