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Los atriles de campaña van a la huelga mientras Podemos se desmaterializa en Cataluña

El acuerdo para el 29 de noviembre desata un vacío cuántico en Barcelona y obliga a los micrófonos castellanos a pedir un complemento por sobreesfuerzo dialéctico.

Foto de archivo: atril vacío con micrófonos en escenario
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: Clint Patterson / Unsplash

MADRID, El acuerdo entre ERC y Podemos para las generales del 29 de noviembre ha tenido efectos que nadie incluyó en el calendario electoral. Podemos no presentará listas propias en Cataluña y Gabriel Rufián acudirá a actos junto a Irene Montero en el resto de España. Las infraestructuras electorales han entendido el pacto de una forma demasiado literal, como suele ocurrir con el mobiliario público cuando se le da una tarde libre.

En Cataluña, la retirada de las candidaturas moradas produjo una desmaterialización casi inmediata. No bastó con dejar de registrar nombres ante los secretarios judiciales: varias sedes y carpetas de archivo se esfumaron bajo una nube de polvo lila. Las paredes de los locales amanecieron translúcidas. Los botes de chinchetas flotaban, sin destino orgánico, mientras los repartidores de propaganda recorrían la acera preguntando dónde podían dejar los folletos.

«Fuimos a revisar el inventario de la sede de Barcelona y la llave abrió una corriente de aire frío con olor a silencio administrativo», explica Visitación Melgar, inspectora jefa de la Unidad Central de Vacíos Electorales. «El pacto decía que allí no se presentaba nadie. La física cuántica aplicada a la burocracia lo tomó al pie de la letra. Ahora tenemos trescientos metros cuadrados de nada absoluta y, si alguien menciona unas primarias, se marea media comunidad de vecinos».

“Las tablas sufren una torsión dialéctica inasumible.” — Aniceto Carrascosa, presidente del Sindicato Autónomo de Atriles y Megafonía de Campaña

La ausencia dejó espacio. Demasiado espacio.

La otra cláusula del acuerdo ha causado problemas al otro lado del mapa. Rufián recorrerá plazas y escenarios de la península en actos compartidos, y los atriles, altavoces y elementos de carpintería municipal han respondido con una rebelión bastante ordenada. De Medina del Campo a Tomelloso, los ayuntamientos descubrieron que los atriles oficiales de madera maciza rechazan acoger mítines conjuntos sin un convenio extraordinario que compense el desconcierto ideológico del barniz.

«Nuestros atriles se fabricaron para soportar promesas sobre regadíos y protestas por la fiesta patronal», advierte Aniceto Carrascosa, presidente del Sindicato Autónomo de Atriles y Megafonía de Campaña. «Poner a un republicano catalán junto a una dirigente morada en una nave de polígono provoca una torsión dialéctica que las tablas no pueden asumir. Pedimos tacos de goma antiestrés, dos horas de siesta para los cables y agua para los ponentes embotellada en territorio neutral».

La protesta ha llegado a los polideportivos municipales. Los bafles del techo amenazan con descolgarse si no reciben un mapa de las circunscripciones, un documento que hasta ahora solo habían reclamado los interventores más aplicados. Ceferino Almansa, conserje mayor del pabellón polideportivo comarcal, asegura que los micrófonos con cable intentaron anudarse durante las pruebas de sonido de la mañana. «Enchufamos la clavija y el altavoz izquierdo soltó un zumbido de reproche. Quería saber si el mitin tributaba por el IRPF autonómico o por el régimen general de Hacienda».

Queda poco para el 29 de noviembre. Los peritos electorales aconsejan manipular el pacto con guantes de horno y mantener los focos halógenos lejos de los límites provinciales. Los carpinteros municipales, por su parte, siguen hablando con las tarimas de los teatros para explicarles que sostener un mitin transversal entra en sus obligaciones contractuales. Varias han solicitado ya la baja por estrés arquitectónico.

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