El Congreso instalará atriles plegables para que cualquier micropartido tenga grupo propio
La reforma del Reglamento desata una ola de escisiones donde cada diputado exige su propia subvención, despacho en el hueco del ascensor y atril reglamentario.

MADRID, la aprobación definitiva de la reforma del Reglamento del Congreso de los Diputados ha provocado una crisis logística en la Cámara Baja. Al rebajar los porcentajes mínimos para formar grupo parlamentario propio, una medida pensada para las minorías territoriales y los partidos más modestos tras las elecciones del 29N ha terminado por convertir el hemiciclo en un problema de obra pública.
Apenas se confirmó que unos pocos votos bastarían para escapar del Grupo Mixto, los servicios técnicos empezaron a recibir cientos de peticiones de escisión. Diputados que hasta ayer compartían taxi y cruasán han encontrado diferencias ideológicas irreconciliables sobre la inclinación de los respaldos o el café de la cafetería. Ya registran micropartidos de una sola persona, con asesores asignados por ley y presupuesto propio como principal programa electoral.
«La ley es muy clara: si acreditas que te votó tu familia extendida y un vecino del rellano, la soberanía popular te debe un coche oficial y una fotocopiadora a color», explicaba esta mañana doña Sagrario Peñalba, secretaria técnica de la recién inaugurada Comisión de Deslinde y Fraccionamiento de Escaños. Peñalba admitía que ya no queda espacio en el palacio de la Carrera de San Jerónimo. Algunos despachos oficiales se han instalado en el hueco del montacargas y varios portavoces nuevos trabajan bajo el mostrador de recepción.
“«Si tengo derecho a quince minutos y una fotocopiadora, pienso fundar mi partido»”
El atasco, claro, ha llegado al hemiciclo. La carpintería mayor de las Cortes trabaja a doble turno para montar atriles supletorios. Cada grupo tiene derecho a intervenir en los debates de las leyes, así que los técnicos encajan pequeños podios de madera contrachapada en las escaleras. El pasillo central se parece ahora a una pista de obstáculos y los ujieres avanzan con las carpetas de actas como pueden.
«Si tengo derecho a quince minutos y una fotocopiadora, pienso fundar mi partido», admitía en un pasillo doña Amalia Torregrosa, fundadora del Bloque Unipersonal de Afectados por las Obras. Medía con una cinta métrica el hueco junto a la puerta de urgencia donde pretende colocar su estandarte. Calcula que el plus por portavocía y la partida para material de oficina pagarán los viajes a su circunscripción en preferente. También habrá dinero para dos cuñados, expertos en geopolítica aplicada.
Y el problema no acaba en la carpintería. Un informe preliminar de los letrados de la Cámara calcula que una sesión ordinaria de control al Gobierno, con trescientos grupos registrados, durará dieciocho semanas sin interrupción. Los diputados tendrán que dormir por turnos en sacos detrás de la tribuna de prensa. Para las preguntas de última hora se estudia la delegación en familiares de primer grado.
Fuera, los leones de la fachada siguen sin pronunciarse mientras asesores recién contratados descargan cajas de folios y grapadoras en las escalinatas. La Mesa del Congreso asegura que respetará escrupulosamente la pluralidad salida de las urnas del 29N. Desde el próximo lunes, eso sí, cada portavoz deberá traer su propia banqueta de casa si quiere intervenir antes de que termine la legislatura.