SátiraNoticia real, exagerada hasta que confiesaPolítica · 2 min de lectura

Supremo y Constitucional declaran la guerra a los adjetivos

El choque real por la amnistía desemboca, en esta versión, en una batalla de estilo con más epítetos que conclusiones.

Foto de archivo: diccionario abierto sobre un escritorio de madera
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: Brecht Corbeel / Unsplash

MADRID, El Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional han protagonizado un cruce de acusaciones y reproches por la aplicación de la ley de amnistía al delito de malversación vinculado al procés. Hasta ahí llega la parte comprobable. Después, los tribunales han sido trasladados por la imaginación a una comunidad de vecinos en la que nadie baja la basura y todos presentan un voto particular de 46 páginas.

La disputa ya traía referencias a injerencias, grandilocuencia y epítetos sobrantes. El recién creado Instituto Nacional para la Medición del Tono Judicial la ha recibido con una alarma de nivel «adverbio innecesario». Su directora, Irene Castañón, explicó que el organismo ha colocado un sonómetro junto a cada diccionario jurídico para detectar el momento exacto en que una frase deja de argumentar y se pone una toga de terciopelo.

«El problema no es que discrepen. Es que cada desacuerdo viene con prólogo, epílogo y una metáfora que pide vacaciones», señaló Castañón mientras enseñaba una carpeta rotulada «Palabras que han entrado en la sala sin ser llamadas». El inventario recoge «grandilocuencia», «injerencia», «sobrante» y un adjetivo de siete sílabas que sigue bajo custodia por riesgo de propagación.

“Cuando el papel se acaba, también suele acabarse la tentación de añadir contexto.” — Mauro Requena, portavoz del Ministerio de Asuntos que Podrían Haberse Dicho Más Breve

Con el sonómetro ya en marcha, el Ministerio de Asuntos que Podrían Haberse Dicho Más Breve ha ofrecido una solución provisional. Ambos tribunales deberán enviarse los reproches en tarjetas de felicitación, con espacio limitado para la tipografía y un dibujo de una amnistía haciendo equilibrio sobre una coma. «Cuando se acaba el papel, suele acabarse también la tentación de añadir contexto», indicó su portavoz, Mauro Requena, desde una ventanilla con forma de paréntesis.

La idea no ha sentado bien en la comunidad de vecinos de la calle Constitución. Su presidente, Anselmo Pardo, ha convocado un pleno extraordinario para decidir si «sobrante» describe al epíteto, al folio o al vecino que vuelve a sacar el asunto de las derramas. La reunión será después de la siesta. Habrá dos urnas: una para los argumentos y otra para las palabras que parecen argumentos, aunque lleven demasiado perfume.

El debate ha llegado incluso a los títulos. El Comité de Arbitraje de los Títulos Dramáticos recomienda sustituir los encabezamientos de los escritos por fórmulas domésticas como «A ver si nos entendemos» o «Con todo el respeto y una tila». Su secretario, Basilio Niebla, ha advertido de que cualquier documento con tres sinónimos consecutivos irá a un cuarto oscuro a reflexionar sobre sus decisiones.

La aplicación de la amnistía sigue siendo el asunto real que ha provocado el choque institucional. Lo demás pertenece a esta redacción, que lleva años viendo cómo la prosa administrativa convierte una diferencia jurídica en una pelea de patio con notas al pie. Al cierre de esta edición, los adjetivos continuaban en libertad, aunque varios habían solicitado acogerse a una medida de gracia por exceso de trabajo.

¿Qué te ha parecido?