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El cuñado del alcalde pone el nuevo termostato municipal a 41 grados para estrenar chanclas

La oposición exige la dimisión del gobierno local después de que el secretario se tragara la llave que controla el clima del pueblo durante un banquete.

Foto de archivo: persona ajustando el termostato de pared
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: HUUM / Unsplash

CASTILLEJO DEL REBUZNO. El equipo de gobierno local ha inaugurado el primer termostato público al aire libre de la región: una rueda monumental fijada a la pared del ayuntamiento, junto a la churrería de la plaza. El proyecto, pagado con fondos europeos para la burocracia atmosférica, permite al pleno regular a mano el clima dentro del término municipal. Se acabó depender de la meteorología, que ya había dado demasiados problemas.

Los problemas empezaron en el primer pleno extraordinario, convocado para decidir la temperatura oficial. El alcalde, Paco Hinojo, propuso veintidós grados. Le parecían suficientes para que la colada de los balcones secara sin convertir el pueblo en una sartén. La oposición pidió catorce grados y viento racheado, porque necesitaba justificar la compra reciente de chaquetas de pana con el logotipo del partido.

Y entonces intervino el cuñado del alcalde, subdirector de Vibraciones Municipales. Con un taburete y un destornillador, se saltó el procedimiento democrático y giró el dial hasta los cuarenta y un grados. Era noviembre. Quería estrenar unas chanclas tácticas compradas por internet.

“El cielo nos exige el abono de horas extras por mantener este sol de justicia.” — Un portavoz de la Concejalía de Charcos y Espejismos, desde una cámara frigorífica

Desde entonces, el municipio vive dentro de una ola de calor sahariana que respeta con disciplina las fronteras locales. Al cruzar la calle hacia San Roque de la Tormenta, los vecinos llevan abrigo de lana en el lado izquierdo del cuerpo y protector solar en el derecho. Las palomas tampoco lo han encajado bien. Varias han intentado presentar una queja formal en el registro de atención al ciudadano.

«Llevo tres días sudando tinta y se me ha derretido el asfalto en las suelas, pero al menos no tenemos que soportar la humedad del pueblo de al lado», declaró un portavoz de la Concejalía de Charcos y Espejismos desde una cámara frigorífica del matadero municipal. «Ahora el cielo nos exige cobrar horas extras por mantener este sol de justicia fuera de temporada».

El partido de la oposición ha registrado una moción de censura urgente. Exige que la llave de la caja de plástico que protege el termostato pase a una comisión gestora independiente. El asunto se ha detenido por un motivo administrativo: el secretario del ayuntamiento se tragó la llave al intentar esconderla en un plato de croquetas durante el banquete inaugural.

La crisis ha dado pie a otra medida. El ayuntamiento ha emitido un bando que reclasifica el sudor como activo líquido municipal. Inspectores de Hacienda recorren las terrazas de la plaza para medir la transpiración de los ciudadanos y aplicar un impuesto según la humedad que cada uno aporta a la atmósfera pública.

Varios meteorólogos acudieron a explicar que una rueda analógica de plástico, sin conexión alguna, no puede controlar la troposfera. Recibieron una multa por practicar ciencia no autorizada en la vía pública. Después los expulsó del municipio un grupo de jubilados con abanicos de propaganda electoral.

La llave sigue su recorrido. Hasta que complete el tránsito por el tracto digestivo del secretario, Castillejo del Rebuzno continuará en verano perpetuo. El cuñado ya ha presentado una propuesta para instalar un deshumidificador municipal gigante, que piensa comprar, por pura casualidad, a una empresa registrada a nombre de su galgo.

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