La mafia desiste de amañar el voto por correo al no conseguir cita previa
Los mayores sindicatos del crimen organizado abandonan el fraude electoral tras estrellarse contra los formularios por triplicado y el sistema Clave.

MADRID, Las dudas recientes de varios líderes políticos sobre la fiabilidad del voto por correo han inquietado también a una coalición de mafiosos locales. El Sindicato de Villanos y Defraudadores de España ha confirmado en un comunicado que manipular los comicios resulta «logísticamente inviable». El problema no es la falta de voluntad. Nadie consigue cita previa en la administración antes de que caduquen los plazos legales.
En las películas bastan dos maletines y un contacto dentro. Aquí no. Nemesio Torquemada, portavoz adjunto de la sección de Trampas Electorales, explica que robar votos sigue siendo posible en teoría, aunque exige compulsar tantos papeles que el negocio se va en fotocopias. «Teníamos comprado a un funcionario, pero está de baja por estrés. Su sustituto exige que todas las papeletas falsas lleven firma electrónica, y la firma solo funciona con una versión de Java descatalogada en el año dos mil tres», ha declarado Torquemada, con una carpeta de anillas repleta de formularios modelo cero treinta y seis.
La carpeta tampoco resolvió gran cosa. La organización invirtió casi dos millones de euros en sobornos y logística para descubrir que debía presentarse en una oficina de Correos entre las once y cuarto y las once y veinte de la mañana. Es justo el intervalo entre el regreso del desayuno del personal interino y el momento en que se cuelga el sistema informático. Para suplantar a un solo votante hacía falta una fotocopia del carné de identidad en vigor, un certificado de empadronamiento expedido hacía menos de tres meses y una fe de vida firmada por un notario que no estuviera de puente.
“«Para hacer trampa a gran escala necesitas pagar demasiadas cuotas de autónomos»”
Después llegó Toledo. Un intento de fraude masivo en la provincia no lo desarticuló la policía, sino una ventanilla única. Faustino Delgado, responsable de la operación Pucherazo Seguro, abandonó la semana pasada tras cuatro horas de cola detrás de una señora que pretendía empadronar a sus doce gatos. «Llevábamos mil sobres falsos preparados para la urna, pero la funcionaria dijo que sin la compulsa original del padrón municipal y el libro de familia no recogía ni uno», se ha lamentado. Para obtener el padrón por internet necesitaban Clave PIN; la aplicación devolvió error quinientos y la banda acabó llorando en la acera.
Ni los profesionales del ramo han encontrado un atajo. El manual para solicitar el voto por correspondencia incluye operaciones de una precisión casi litúrgica: rellenar un impreso amarillo por triplicado, apretar bien el bolígrafo para que calque y llevarlo a un funcionario de nivel veintidós. Luego hay que esperar el movimiento concreto de muñeca con el que se estampa el sello. Si el azul de la tinta se desvía lo más mínimo, el fraude queda anulado y toca pedir otra cita para septiembre del año siguiente.
Los expertos en seguridad informática dan por buena esta versión. Amparo Lomas, catedrática de Artes Oscuras Burocráticas en la Universidad de la Vida, ha publicado un estudio según el cual resulta más sencillo atracar el Banco de España con una cuchara de postre que hacer pasar un voto falso por los controles de la Oficina del Censo Electoral, la Junta Electoral de Zona y el señor mayor encargado de revisar certificados médicos. «Para hacer trampa a gran escala necesitas gestores administrativos trabajando a tres turnos. La mafia no puede asumir tantas cuotas de autónomos», ha concluido Lomas.
Al cierre de esta edición, el Sindicato de Villanos ha dejado la manipulación electoral y ha vuelto a actividades más sencillas, relajantes y con menos papeles: blanquear capitales mediante chiringuitos de playa o vender parcelas en la luna. Los ciudadanos que quieren votar legalmente por correo siguen montando tiendas de campaña frente al estanco más cercano. Esperan el aviso de recogida antes de que terminen las elecciones.