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Vox estudia ganar el Senado presentándose únicamente a la siesta

La estrategia incluye retirar las papeletas, negociar con una cabra y pedir a Hacienda que cuente los escaños por intuición.

Foto de archivo: Hombre de traje durmiendo la siesta
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: daha3131053 / Pixabay

VILLANUEVA DEL DESPISTE, Vox estudia dejar de presentarse al Senado en algunas provincias para evitar una mayoría de izquierdas en las elecciones del 29 de noviembre. Varias papeletas han empezado a sentirse prescindibles. Un escaño de cartón encontrado en una copistería ha solicitado excedencia por «falta de propósito democrático».

La Oficina Nacional de Estrategias Que Parecen Contradictorias ha recibido el movimiento con entusiasmo. El organismo cabe dentro de una carpeta azul y se reúne los martes, cuando alguien recuerda dónde quedó la carpeta. Su portavoz, Eusebio Martillo, sostiene que para ganar una carrera conviene «no ponerse las zapatillas y esperar que el resto se canse de correr».

La idea consiste en concurrir solo allí donde la ausencia pueda interpretarse como una presencia muy intensa. En el resto de provincias, los candidatos dejarían paso a una silla plegable con un cartel: «ya si eso». La silla ha aceptado. Pide descansos reglamentarios y que nadie la llame escaño antes de tiempo.

“La mejor manera de ganar una carrera es no ponerse las zapatillas.” — Eusebio Martillo, portavoz de la Oficina Nacional de Estrategias Que Parecen Contradictorias

Con la silla sobre la mesa, apareció otro problema. La comunidad de vecinos de la calle del Pleno ha creado un sindicato de animales electorales. Una cabra, dos palomas y un perro que pasaba por allí reclaman papeletas con casillas para «me abstengo», «me he comido el sobre» y «no me líes, que estoy con la siesta». La cabra fue nombrada secretaria general después de relamerse un acta.

El asunto ha inquietado incluso al Senado local. La institución es una maqueta municipal guardada en el almacén del ayuntamiento y ahora ha desarrollado conciencia propia. Se niega a servir de escenario para maniobras. «No quiero mayorías ni minorías», ha declarado una columna jónica desde el fondo de la sala. «Quiero que dejen de ponerme encima los presupuestos de las fiestas».

La maqueta, por tanto, tampoco ayudará. La discusión llegará al pleno municipal, que debe votar si una ausencia cuenta como candidatura especialmente sofisticada. El secretario, un sello de caucho con gafas, prepara tres informes y una siesta administrativa. Hacienda ha pedido que nadie intente desgravar los votos no emitidos hasta saber si son gasto, ingreso o sentimiento.

A última hora, un grupo de sobres electorales ha anunciado que concurrirá por libre con el lema «Dentro hay algo, pero no sabemos qué». La Oficina Nacional de Estrategias Que Parecen Contradictorias estudia sumar al silencio como cabeza de lista. «Tiene un programa muy sólido», ha dicho Martillo. «No promete nada y, de momento, tampoco se contradice».

El resultado se conocerá cuando el calendario deje de fingir que no escucha. Hasta entonces, los vecinos pegarán carteles en blanco, la cabra conservará el acta y la silla plegable seguirá en posición de espera. Es la forma más estable de hacer política en una habitación sin paredes.

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