Una plaza, dos vehículos y una crisis constitucional en la comunidad
El aparcamiento conjunto de un coche y una scooter ha obligado a convocar un pleno, tres comisiones y una siesta de urgencia.

VILLANUEVA DEL DESPISTE, Aparcar un coche y una scooter en la misma plaza de garaje ha metido a la comunidad de vecinos de la calle del Desnivel, 14, en la mayor crisis constitucional de su historia. Lo ha confirmado Evaristo Tenedor, presidente de la escalera y portavoz provisional del Comité de Cosas Que Caben Justo. Todo empezó cuando la Ley de Propiedad Horizontal dejó claro que dos vehículos pueden compartir plaza si los estatutos no lo impiden y ambos caben dentro del espacio asignado.
Mauro Castañeda, dueño de la plaza, llegó el martes con el coche y la scooter. Los dejó en paralelo, separados por cuatro centímetros que al principio se consideraron «un colchón de convivencia». La comunidad colocó una cinta métrica en el suelo, un sello de entrada y un atril pequeño para que la plaza explicara cómo llevaba aquello. «Me siento observada y no sé si sigo siendo una plaza o ya soy territorio», declaró la propia plaza en una nota escrita con tiza.
Con los vehículos ya instalados, tocaba reunirse. La junta extraordinaria se hizo en el portal porque nadie quiso admitir que el garaje podía convertirse en sede de un precedente histórico. Durante cuatro horas se discutió si la scooter era un vehículo entero, medio vehículo o «una bicicleta con ambiciones administrativas». El felpudo de la entrada pidió la palabra. Recordó que soporta dos pares de zapatos a diario y que jamás ha convocado una comisión.
“El problema no es dónde aparcan, sino quién decide qué significa aparcar.”
Nicanor Párpado, secretario de la comunidad, creó una ponencia para estudiar el asunto desde una perspectiva constitucional, emocional y un poco náutica. Su conclusión fue sencilla, aunque ocupaba nueve folios: coche y scooter podían convivir siempre que ninguno invadiera el espacio del otro, el de la plaza vecina o el de una hipotética barca que, según los planos, podría aparecer en 2031. «La cuestión no es dónde aparcan, sino quién decide qué significa aparcar», dijo Párpado, mientras una carpeta respiraba despacio sobre la mesa.
La discusión dio otro paso. Las plazas del sótano se afiliaron a un sindicato y reclamaron horario laboral, intimidad y paga extra por maniobras con vehículos especialmente voluminosos. La plaza 27, que lleva dieciséis años bajo un monovolumen, presentó una moción para que las plazas pequeñas recibieran formación en resiliencia. Salió adelante por mayoría simple. La plaza 31 votó desde una caja de cartón.
El ayuntamiento imaginario de Villanueva del Despiste envió a Celia Miracables, funcionaria del Departamento de Asuntos Que Caben. Recomendó mirar los estatutos y medir la plaza antes de llamar a la historia. Hubo alivio durante unos minutos. Luego entregó un formulario de 48 páginas para declarar si la scooter pensaba permanecer, circular o desarrollar sentimientos propios. Habrá que rellenarlo por triplicado y firmarlo también con el retrovisor.
Al cierre de esta edición, la comunidad ha aceptado el aparcamiento conjunto durante una semana de prueba. Vigilarán un cuñado jubilado y dos conos naranjas con autoridad delegada. El coche ha accedido a compartir espacio; la scooter ha pedido que dejen de llamarla «complemento». La plaza exige vacaciones en agosto. En la próxima reunión se decidirá si cuatro centímetros son un margen de seguridad o una frontera internacional.
La única parte real es que la ley permite aparcar dos vehículos en una plaza cuando los estatutos y el espacio lo permiten. Lo demás, incluidos los sentimientos de la plaza, es una exageración cuidadosamente inventada.