La cabra de la Legión se cree el caballo del Cid y exige herraduras y reconquistar Valencia
El chivo de dos años rechaza el pienso, relincha a los tanques y ha solicitado por registro oficial una armadura medieval para sitiar la tribuna de autoridades.

MADRID, Los preparativos del desfile militar del 12 de octubre han desembocado en una crisis de identidad de proporciones épicas. Babieca, chivo de dos años del Tercio Don Juan de Austria 3.º de la Legión y mascota oficial, se comporta desde hace días como el corcel del Cid Campeador. Se niega a balar y, en su lugar, suelta relinchos de guerra que han dejado desconcertada a la plana mayor.
Todo empezó con el birrete reglamentario. Los instructores trataron de ajustárselo y Babieca respondió a coces, reclamando una montura castellana de cuero repujado. También escupió el pienso oficial: sostiene que un destrero del siglo XI debe vivir de avena bendecida y algarrobas obtenidas en botines medievales.
«Estamos desbordados por su fervor bélico», ha explicado Baldomero Calducho, sargento primero y responsable de logística forrajera. «El chivo pesa lo que una bombona de butano, pero se mira en los retrovisores de los blindados y ve un corcel de quinientos kilos listo para romper líneas enemigas. Esta mañana intentó saltar sobre un todoterreno. Luego pidió que le cepillaran unas crines que no existen».
“El chivo pesa lo que una bombona, pero se ve como un corcel de quinientos kilos.”
La cuestión pasó pronto a los papeles. Babieca presentó un formulario en la delegación militar para cambiar su categoría en la Seguridad Social: quiere dejar de figurar como ganado menor y entrar en el escalafón de montura pesada de choque, con derecho a trienios de herraje. Adjuntó una solicitud para cuatro herraduras de hierro forjado, pese a los informes veterinarios que recuerdan el inconveniente de clavar clavos en pezuñas hendidas.
«La normativa de pezuñas es implacable», ha confirmado Cándido Mirlatoste, perito agrónomo y mediador de cascos de intendencia. «Si le ponemos herraduras de caballo a una cabra, el sistema informático colapsa y Hacienda reclasifica el desfile como picadero de pura sangre. La tribuna tendría que pagar el veintiuno por ciento de IVA. Le ofrecimos cuatro peucos de velcro y los mordisqueó con desprecio».
Con los expedientes en marcha, los ensayos tampoco ayudaron. En el Paseo de la Castellana, Babieca se negó a avanzar al paso reglamentario junto a los gastadores. Un caballo de gesta, según dejó claro, solo se mueve al trote largo o al galope tendido. Después cargó contra un camión de limpieza al tomarlo por la vanguardia de un asedio a Valencia. Los soldados resolvieron la maniobra con media corteza de melón.
A pocas horas del desfile, el comité de protocolo intenta cerrar un pacto de mínimos. Le permitirían trotar de lado, llevar una barda de papel de aluminio y ejercer señorío honorífico sobre dos rotondas de Almería. A cambio, Babieca no retaría a duelo al autobús de la banda de música. Por ahora, espera la cita afilándose los cuernos contra un ejemplar del Boletín Oficial del Estado.