Los relojes ganan una hora y exigen negociar su calendario laboral
El cambio al horario de invierno despierta una revuelta de despertadores, calendarios y vecinos partidarios de vivir siempre en las 11:47.

VILLANUEVA DEL DESPISTE, La madrugada del sábado 24 al domingo 25 de octubre de 2026, los relojes retrasarán una hora para abrir paso al horario de invierno. Sobre el papel basta con tocar una rueda o pulsar un botón. Los relojes, en cambio, han convocado una asamblea extraordinaria para decidir qué harán con ese tiempo recuperado.
Todo empezó con un despertador de cocina que se negó a repetir las seis y media. «Llevamos años trabajando dos veces al día y nadie nos consulta si queremos volver atrás», declaró Anselmo Tic, portavoz del Sindicato de Objetos Redondos y Aparatos con Manecillas, desde el cajón de los cubiertos. Dijo que la reunión seguirá hasta que todos hayan terminado de dar la hora, asunto que podría alargarse.
La reclamación principal es sencilla. Quieren que esa hora extra de sueño figure como jornada laboral. Si los humanos la pasan bajo el edredón, los relojes consideran que les corresponde cobrarla en aceite para engranajes, pilas nuevas o una tarde libre al mes. El ayuntamiento instaló una mesa de diálogo. La mesa exigió representación propia y se marchó dando un portazo.
“Llevamos años trabajando dos veces al día y nadie nos pregunta nada.”
La protesta ya ha llegado a los edificios. Las comunidades de vecinos han recibido circulares que se contradicen con cierta disciplina: una pide retrasar los relojes una hora; otra recomienda aplazar también las discusiones sobre el cambio horario; la tercera comunica que el reloj del portal ha formado una comisión. Estudiará si sigue teniendo sentido marcar las 3:00 cuando nadie mira.
Y los calendarios tampoco se han quedado quietos. Reclaman que dejen de tratarlos como cuadrículas con grapas. «Cada octubre me arrancan una hoja y luego me echan la culpa de que diciembre llegue tan deprisa», explicó Maruja Cuadrícula, presidenta del Pleno de Fechas Impares, durante una comparecencia dentro de una carpeta azul. Propone sustituir los meses por sonidos de campana y dejar febrero en libertad condicional.
Con el asunto ya bastante ordenado, intervino el cuñado local. Fue nombrado mediador por sorteo, como manda la tradición administrativa. Preguntó qué hora era, consultó el móvil y concluyó que antes todo resultaba más sencillo. Los relojes abandonaron la sala durante siete minutos, el tiempo exacto para que alguien volviera a explicar desde el principio por qué se cambia la hora.
Al final habló un reloj de arena. Planteó adelantar el invierno, atrasar el lunes y declarar festivo el instante en que todos descubren que el horno muestra otra hora. La propuesta salió adelante por unanimidad, salvo por el horno, que aseguró sentirse «profundamente incomprendido» y comenzó a contar hacia atrás. Las autoridades recuerdan que habrá que retrasar los relojes. No garantizan que colaboren.