RaroNoticia real, llevada a un sitio extrañoRarezas · 2 min de lectura

El pánico por la multa del maletero dota de consciencia a miles de botes de garbanzos

Tras el bulo de la DGT, los tarros olvidados en los coches cobran vida, montan un sindicato y exigen mejoras laborales antes de reparar cualquier pinchazo.

Foto de archivo: curious cat
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: Kessa / Pixabay

MADRID, la Dirección General de Tráfico ha desmentido el bulo según el cual, desde el primero de octubre, se impondría una multa de doscientos euros por no llevar un nuevo bote obligatorio en el maletero. La infracción, ha recordado, siempre fue leve y se castigaba con ochenta euros. La precisión llega tarde: miles de conductores ya habían metido frascos en el coche por puro pánico y esos recipientes han adquirido consciencia, reclaman sindicato y preguntan por sus derechos laborales.

Durante semanas circularon audios alarmistas por grupos familiares. Mucha gente acabó lanzando al maletero cualquier cilindro que hubiera por casa. La fricción de las rotondas, el miedo a los agentes y la oscuridad bajo la bandeja han producido una singularidad en los utilitarios. Ahora los envases de mayonesa, fabada y abrillantador tienen alma, cuerdas vocales y serias quejas sobre sus condiciones de transporte.

«Llevaba semanas oyendo golpecitos cada vez que frenaba en un paso de cebra», cuenta Eusebio Galindo, comercial, que dejó un tarro de melocotón en almíbar junto a la rueda de repuesto. «Ayer abrí el maletero y me tiró a la cara un borrador de convenio colectivo. Pide climatización a veintidós grados porque los debates políticos le dan acidez».

“«Taponar un neumático pinchado es una tarea indigna que vulnera nuestros derechos»” — Portavoz del sindicato de botes (lata de espárragos)

El asunto ya ha pasado de los golpes.

El recién creado Sindicato Unificado de Botes de Maletero ha difundido un manifiesto contra su clasificación como herramientas de reparación. «Taponar un neumático pinchado es una tarea indigna y vulnera nuestros derechos», afirma su portavoz, una lata de espárragos. También ha avisado de que los recipientes podrían desenroscarse por iniciativa propia y vaciarse sobre la tapicería si no se les reconoce como pasajeros con derecho a escuchar la radio.

La subsecretaria de Fenómenos Inanimados, Purificación Redondo, ha pedido calma y ha recomendado no mantener contacto visual con el maletero. «La multa era una leyenda urbana», declaró desde un despacho blindado. «Pero no discutan de política con un bote de pimientos que lleve quince días encerrado en el coche. Su retórica es implacable. Acabarán cediéndoles la titularidad del vehículo».

La recomendación no ha resuelto nada.

Los talleres de la península están desbordados con disputas territoriales. En varias provincias, alianzas de botes de aceitunas han bloqueado el cierre centralizado desde dentro y han declarado república independiente la zona de carga. Los envases amotinados no dejan salir a los propietarios del habitáculo hasta que se garantice suspensión neumática en todos los coches de segunda mano. La exigencia se presentó, según fuentes del sector, escrita sobre una servilleta de gasolinera.

Como no hay una salida rápida, las autoridades aconsejan a quienes convivan con recipientes parlantes que les den los buenos días antes de arrancar. Un gesto sencillo. Si no lo hacen, los frascos pueden convocar una huelga de brazos caídos. Al no tener brazos, la medida consiste en rodar de un lado a otro y hacer un estruendo insoportable en cada curva.

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