RaroNoticia real, llevada a un sitio extrañoRarezas · 2 min de lectura

Los programas nocturnos se disputan a los mismos cinco famosos mediante un tubo neumático

Los coordinadores de plató recurren a trampillas hidráulicas y turnos de diez minutos para no agotar la escasa reserva nacional de celebridades entrevistables.

Foto de archivo: plató de programa de entrevistas
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: white_crows_nest / Pixabay

MADRID, La pelea entre los programas nocturnos por lograr invitados exclusivos ha terminado en una crisis logística sin precedentes. Después de varias semanas intentando no repetir caras, las cadenas han asumido una conclusión matemática bastante incómoda: en España hay cinco famosos homologados para sentarse en un plató. Las productoras han montado, por tanto, una red clandestina de transporte balístico para enviarlos de un estudio a otro antes de medianoche.

El catálogo promocional incluye a un actor de chaqueta de cuero, que presenta una intriga sobre un faro; una cantante pop entregada a su introspección; un cocinero cuyos platos echan humo; una atleta con libro de autoayuda y un humorista especializado en ruidos bucales. Cuando alguien propone entrevistar a un ciudadano corriente, los espectadores creen que falla la antena y llaman a la compañía eléctrica.

Había que repartirlos de algún modo. Bajo la supervisión de un árbitro judicial de Pozuelo de Alarcón, las productoras pactaron una custodia compartida medida por minutos. Los contratos dejaron paso a tuberías de succión neumática bajo la M-30. En cuanto una celebridad acaba una anécdota, se abre una trampilla bajo el sillón y sale disparada a doscientos kilómetros por hora por un conducto de fibra de carbono rumbo al plató rival.

“«El actor aterriza en el sofá rival con el maquillaje todavía caliente por la fricción»” — Doña Sonsoles Carromato, jefa de logística balística

«El actor cae en el sofá de la competencia con el maquillaje aún caliente por la fricción», explica Doña Sonsoles Carromato, jefa de logística balística de la Comisión Mixta de Famosos Compartidos. «Durante el trayecto, unos rodillos le quitan la camisa vaquera y le ponen una americana negra. Una grabación le susurra los chistes privados del nuevo presentador. No hay margen para perder diez segundos: si el público pestañea, descubre que es el mismo señor que acaba de contar cuánto dinero tiene en el banco».

El acuerdo tampoco ha calmado a nadie. Varios coordinadores de producción fueron interceptados en San Sebastián de los Reyes mientras intentaban desviar cápsulas con desatascadores y señuelos de jamón sobre las alcantarillas. El pasado jueves, una caída de presión dejó a la única cantante disponible suspendida a mitad de camino. Dos cadenas emitieron a la vez doce minutos de solos de bajo. Era eso o explicar algo.

El mobiliario empieza a acusar el ritmo. Los sillones giratorios amenazan con ir a la huelga por el desgaste térmico de recibir famosos a velocidad supersónica justo antes de publicidad. Los tapiceros sostienen que la pana ha acumulado tanta adrenalina promocional que dos butacas orejeras ya proponen series de misterio de ocho episodios a los vigilantes del turno de noche.

Desde el ministerio han sugerido criar famosos en cautividad. La idea consiste en dar programas piloto a fruteros con don de gentes y a guardias urbanos simpáticos. Las cadenas la han rechazado: dicen que la audiencia no procesa una confidencia si no sale del elenco circular de siempre. Hasta que un real decreto autorice una sexta celebridad, los compresores seguirán zumbando bajo tierra y la televisión seguirá dando vueltas sobre sí misma.

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