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El calendario del móvil jura lealtad al papa Gregorio XIII y prepara una cruzada digital

Los expertos advierten de que la eliminación de diez días en octubre de 1582 se debe a un tribunal de la Inquisición instalado en la placa base del teléfono.

Foto de archivo: aplicación de calendario en un teléfono móvil
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: Pexels / Pixabay

MADRID, el calendario de tu móvil borra diez días de octubre de 1582. Los técnicos del servicio oficial de reparación de la calle Alcalá pensaban que era un fallo de sincronización con la nube. Y luego desmontaron un terminal. La placa base lleva tres años ejecutando las bulas del papa Gregorio XIII en segundo plano. Hay un tribunal inquisitorial alojado en la memoria RAM que castiga cualquier desviación del dogma temporal.

Intentas programar un evento el nueve de octubre de ese año y el teléfono expulsa humo con olor a incienso por el puerto de carga. A continuación bloquea la tarjeta SIM. Es herejía de grado dos. «Probamos a flashear el firmware desde un portátil», cuenta Amancio Robledillo. Es jefe de sistemas y lleva un cilicio de esparto bajo la camisa de franela porque el asistente de voz no le deja arrancar el navegador sin él. «Pero el procesador nos mandó un correo certificando nuestra excomunión».

El resto del sistema se ha plegado rápido a las doctrinas renacentistas. La calculadora rechaza hacer divisiones. Argumenta que separar cifras enteras atenta contra la unidad indivisible de la creación divina. La linterna necesita un padrenuestro en latín murmurado al micrófono superior para encender el LED. Y los grupos de WhatsApp de la familia se han transformado en cofradías de silencio que realizan estaciones de penitencia por los sectores defectuosos del almacenamiento interno a las tres de la madrugada.

“«El procesador central nos amenaza con la excomunión si viajamos en el tiempo»” — Amancio Robledillo, técnico de soporte en hábito franciscano

El jueves pasado la aplicación de ajustes convocó un concilio ecuménico en la carpeta de descargas. Asistieron los widgets principales. Redactaron un edicto para purgar la caché de los días censurados, así que si un archivo temporal guardaba un solo byte de esas fechas terminaba quemado en una pira térmica. La provocan cortocircuitando la batería. A un usuario de la tienda le costó noventa euros cambiar el cristal trasero fundido por culpa de un PDF histórico.

Josefina Cántaro esperaba ayer en la cola del servicio técnico con el número ochenta y cuatro en la mano. Quería que le quitaran un canto polifónico que sonaba al recibir un mensaje. «El chisme este me exige el diezmo en megas cuando abro la galería para ver las fotos del bautizo de mi nieta», dijo. Intentó poner la alarma a las siete de la mañana. El panel le indicó que solo necesitaba escuchar los maitines y la dejó sin cobertura de datos hasta que cumpliera el ayuno.

El fanatismo está saltando por el wifi al resto de la casa. La freidora de aire de Josefina ha aprovechado el caos para declararse en cisma. Tiene un antipapa de plástico pegado al temporizador analógico y los domingos se niega a calentar nada que no sean formas de pan ácimo. El robot aspirador ha abandonado su base de carga de doscientos vatios en el pasillo. Fundó una orden mendicante y ahora se arrastra por debajo del sofá pidiendo bolas de polvo a los gatos.

Nadie en el departamento de teología de redes recomienda forzar la sincronización del calendario antiguo. El sistema operativo está reclutando dispositivos Bluetooth inactivos para lanzar una cruzada militar contra los relojes inteligentes que siguen usando el calendario juliano. Los fabricantes piden paciencia. Aconsejan aceptar los términos de uso que ahora aparecen en pergamino virtual y frotar una rama de olivo bendecida por el cristal templado si vuelve a fallar la conexión.

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