RaroNoticia real, llevada a un sitio extrañoTecnología · 3 min de lectura

Las carreteras con carga inalámbrica exigen mover el coche dos milímetros a la izquierda

El plan de asfaltar autopistas con cargadores gigantes choca con el firme, que se niega a pasar corriente si el vehículo no se coloca exactamente sobre el logotipo.

Foto de archivo: coche eléctrico en la carretera
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: capitalstreet_fx06 / Pixabay

TOKIO, la empresa automovilística Honda ha desarrollado un sistema de recarga inalámbrica dinámica para suministrar energía a vehículos eléctricos mientras circulan a gran velocidad. Prevén probarlo en un tramo de autopista japonés durante el año fiscal 2027. La idea busca acabar con la ansiedad por la autonomía de una vez. Convertir una calzada pública en una alfombrilla de inducción gigante, eso sí, ha sacado a la luz las manías de los pequeños electrodomésticos. La primera es la susceptibilidad del firme.

Los kilómetros de prueba ya han dejado una conclusión poco tranquilizadora. El asfalto inductivo tiene el temperamento neurótico de un cargador inalámbrico de mesita de noche. Si el turismo no cruza justo por el centro de la bobina enterrada, la autovía se ofende: corta el suministro y suelta un pitido agudo contra los quitamiedos. Los conductores corrigen dos milímetros hacia la mediana hasta dar con el contacto magnético. Se forman atascos milimétricos. Nadie avanza hasta que el suelo parpadea en verde fijo.

El firme, por tanto, ya tiene criterio propio. «La teoría sobre el papel era impecable, pero el hormigón tiene sus manías», ha advertido don Braulio Peñarrubia, inspector general de Resonancia Magnética Terrestre y Nivelación de Bordillos. «Si un coche lleva un portaequipajes de plástico o una capa gruesa de barro en los bajos, la carretera interpreta que el vehículo tiene una funda demasiado gorda y se niega a transferir vatios. Hemos visto a familias enteras rascando los bajos del coche con una espátula en el arcén para que el carril izquierdo les reconozca la matrícula».

“La teoría sobre el papel era impecable, pero el hormigón tiene sus manías.” — Braulio Peñarrubia, inspector general de Resonancia Magnética Terrestre

Y luego están los pájaros. Atraídas por las ondas electromagnéticas residuales, varias colonias de palomas torcaces y gorriones de peaje han descubierto que el carril derecho mantiene un suelo radiante a treinta y cinco grados. Han constituido la primera asamblea ornitológica de usuarios del asfalto caliente. Ocupan las líneas discontinuas con una toalla y se niegan a emigrar al sur cuando llega el otoño. El claxon no ha servido de mucho: las aves alegan derechos adquiridos por radiación pasiva.

La cuestión se complica cuando cae algo al suelo. Una moneda de cincuenta céntimos o una llave inglesa olvidada sobre la calzada alcanza el punto de ebullición en segundos. Los baches funcionan entonces como pequeñas freidoras de aire comunitarias. Varios camioneros han aprovechado la inducción para calentar fiambreras de cocido montañés, colocadas sobre la rueda de repuesto durante los adelantamientos. El gremio de hostelería de carretera ha protestado por competencia desleal, que era de esperar.

Con el tráfico llegó también el papeleo. La Subdirección General de Asfaltos Sensibles ha instalado paradas obligatorias cada diez kilómetros para enfriar los coches. Los carriles bajan la potencia al ochenta por ciento cuando detectan demasiados vehículos juntos, alegando que protegen la salud de la batería del planeta. Por las mañanas, los operarios limpian las líneas de la carretera con toallitas de microfibra. Es el único procedimiento conocido para que el peaje vuelva a hacer contacto.

Las autoridades de transportes mantienen que el futuro sobre ruedas consiste en convertir la red viaria en una regleta kilométrica. Hasta que aprueben el reglamento definitivo, aconsejan retirar las llaves de los bolsillos antes de acelerar, llevar las ruedas perfectamente desmagnetizadas y evitar mirar fijamente al asfalto cuando empiece a emitir luces azules. La autopista puede entrar en modo de reposo en plena cuesta arriba.

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