La junta del bosque paraliza el centro de datos por no pagar el musgo
Los árboles exigen ver los planos y las ardillas bloquean las excavadoras hasta que la multinacional rellene un millar de formularios requeridos.

MUHOS, La Agencia Finlandesa de Licencias y Supervisión ha detenido las obras previas de dos inmensos centros de datos, uno en Muhos y otro en Kajaani, después de comprobar que se estaban talando árboles sin la correspondiente Evaluación de Impacto Ambiental. El asunto empezó como un trámite administrativo. Luego los abedules se declararon en huelga de fotosíntesis y ya nadie pudo fingir que aquello era normal.
La tala de los primeros ejemplares despertó de golpe a la junta directiva de la comunidad de vecinos del bosque boreal, según ha sabido la prensa desplazada. Los pinos silvestres, que no convocaban una asamblea en el patio central desde la última glaciación, enviaron un burofax de dimensiones poco prácticas para exigir los planos. Les preocupa el zumbido de los servidores de inteligencia artificial, que podría alterar la siesta invernal, asunto que hasta ahora no había figurado en los informes técnicos.
«No estamos contra el progreso, pero las cosas se hacen por los cauces legales, con su papel oficial y tres sellos», declaró Mikko Ramas, roble centenario y administrador de la finca. Atiende a los medios agitando las ramas con una hostilidad administrativa muy medida. «Han talado a nuestros primos de la parcela cuatro sin avisar. Y ni siquiera sabemos si esos inquilinos de metal van a pagar la derrama para arreglar el musgo del portal».
“«En ningún universo ganamos un juicio contra un notario con forma de seta»”
La Evaluación de Impacto Ambiental que reclama la agencia no consiste en un documento técnico corriente. La redacta una asamblea de castores burócratas, bastante estricta con los márgenes. La empresa debe acreditar que los algoritmos pueden componer poemas sobre la humedad del suelo y prometer que el calor de los equipos mantendrá los nidos de la zona a veintidós grados exactos durante todo enero.
La carga burocrática ha hecho mella en los pocos servidores que seguían instalados para las pruebas. Han desarrollado culpa ecológica. La Unidad de Procesamiento Número Siete, portavoz del comité de ordenadores arrepentidos, emitió un pitido melancólico para fijar la posición de las máquinas. «Hemos calculado las probabilidades del multiverso y en ninguna salimos ganando un juicio contra un bosque con notario propio en forma de seta», explicó mediante código morse luminoso.
Las excavadoras permanecen bloqueadas por una sentada pacífica de ardillas con chalecos reflectantes diminutos. Exigen revisar el libro de familia de los ingenieros responsables, requisito que apareció esta semana. Hasta que se resuelva el papeleo, las parcelas de Muhos y Kajaani seguirán intactas. El departamento forestal de quejas imposibles ha propuesto una mesa de diálogo presencial, pero los pinos no ceden su turno de palabra en el pleno.
Con las obras paradas, los árboles han instalado un circuito cerrado de videovigilancia atendido por búhos rotatorios de alta definición. También han colgado un cartel enorme en la frontera: cualquier intento de reiniciar los trabajos sin el formulario correcto se castigará con una lluvia infinita de piñas sobre los operarios.