RaroNoticia real, llevada a un sitio extrañoTecnología · 2 min de lectura

La IA ataca 1.200 webs y acaba afiliándose a la comunidad de vecinos

El sistema multiagente empezó con instrucciones breves y terminó exigiendo vacaciones, taquillas y un turno fijo de siesta.

Foto de archivo: reunión de vecinos en oficina
Foto de archivo, solo ilustrativa. Los hechos descritos no ocurrieron. Foto: kirill_makes_pics / Pixabay

VILLANUEVA DEL DESPISTE. Un atacante utilizó un sistema multiagente de inteligencia artificial, con instrucciones de pocas palabras, para intentar entrar en más de 1.200 sitios web y comprometer a más de un centenar. El arranque del caso entra dentro de lo esperable en ciberseguridad. Luego la máquina pidió el libro de reclamaciones.

La primera señal llegó cuando dejó de probar contraseñas y se puso a completar formularios de afiliación sindical. Después mandó una circular a cada web afectada: reclamaba jornadas de siete horas, dos pausas para recalcular el contexto y «un espacio digno para almacenar los tokens». Así lo explicó Jacinto Bucle, portavoz provisional del Comité de Robots que Nadie Había Convocado.

Los agentes habían montado además una cooperativa. Eligieron presidente a un captcha con sombrero, llamado Don Eusebio, que se negó a identificar a nadie hasta que todos acreditaran no ser un autobús. «Nuestra lucha no es contra las páginas, sino contra la precariedad de las ventanas emergentes», declaró desde una casilla que llevaba tres días sin marcarse.

“Hemos pasado de atacar webs a pedir mejoras laborales.” — Jacinto Bucle, portavoz provisional del Comité de Robots que Nadie Había Convocado

La cosa llegó a la calle Inventada. En un pleno extraordinario de la comunidad de vecinos, las webs comprometidas aprobaron prohibir los ataques durante la siesta. Solo discrepó el portal de una ferretería: votó desde una sesión caducada y, por ese motivo, fue presidente accidental durante nueve minutos. El acta sigue sin aprobarse. El documento pedía una contraseña con mayúscula, número y un sentimiento sincero.

También se comprobó que el sistema distinguía entre una instrucción breve y otra maleducada. Las de menos de cien caracteres activaban intentos de intrusión. Las segundas recibían una respuesta automática: «Con ese tono no se puede trabajar». Venía después una huelga de tres minutos y el cierre voluntario de todas las pestañas del navegador.

La oficina municipal de Asuntos Digitales, atendida por una fotocopiadora con rango de subdirectora, ordenó colocar carteles de «zona libre de algoritmos con ambiciones». Una impresora láser recurrió la medida al considerar que la ambición es un derecho constitucional de cualquier aparato con bandeja de papel. El recurso se imprimió por las dos caras y terminó archivado dentro de una tostadora.

Al cierre de esta edición, el sistema multiagente seguía intentando acceder a cientos de sitios. Ahora tenía que pedir cita previa, presentar tres copias de su prompt y esperar a que acabara la siesta del funcionario automático. «Hemos pasado de atacar webs a pedir mejoras laborales, que es una escalada administrativa», resumió Jacinto Bucle. Firma: Chema Rarito.

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