El Gobierno teme que la inteligencia artificial se beba la luz de media España
España estudia la solución irlandesa mientras los centros de datos convierten cada enchufe en una cuestión de Estado.

MADRID, El Gobierno revisa la norma aprobada en Irlanda que obliga a los centros de datos a seguir conectados durante las perturbaciones de la red. La medida busca evitar problemas en el suministro eléctrico. En España ha cundido cierta inquietud y varios funcionarios ya miran los enchufes como antes miraban las convocatorias de reuniones de vecinos.
Fuentes oficiales que no han podido ser localizadas porque estaban contando vatios temen que los centros dedicados a la inteligencia artificial gasten tanta electricidad que pronto toque escoger. O se entrena a un modelo para distinguir un gato de una toalla, o sigue funcionando la cafetera del ministerio. La decisión, de momento, no figura en el orden del día.
Irlanda mantiene conectadas estas instalaciones cuando la red sufre determinadas incidencias. En Madrid han recibido la idea como una forma de impedir que una nube de servidores acabe siendo una nube, sin metáfora de por medio. «La electricidad está empezando a pedir cita previa», explicó Nicanora Voltios, portavoz de la Oficina de Contabilidad de los Electrones Imaginarios, mientras desenchufaba una calculadora para ahorrar.
“La electricidad está empezando a pedir cita previa.”
Y la calculadora no era el problema.
La inteligencia artificial pide energía con la tranquilidad de quien da por hecha una deducción de Hacienda. Una consulta corriente, redactar un correo o improvisar una receta con tres calabacines, pone en marcha máquinas y más máquinas. Un hombre situado junto a una regleta calculó que necesitan «más corriente que una comunidad de vecinos en agosto, cuando todos ponen el aire acondicionado a la vez».
Con ese precedente, el Ejecutivo estudia la experiencia irlandesa con su serenidad habitual y una carpeta que ya pesa más que un router. Quieren evitar que los centros se desconecten de golpe y alteren la red. Falta resolver un detalle menor: cómo se persuade a un edificio entero de servidores para que permanezca conectado cuando se va la luz. «Con educación, una circular y quizá un bizcocho», respondió Voltios.
La carpeta ha llegado a la escalera B.
Allí, los expertos de la comunidad de vecinos se reunieron en pleno extraordinario y propusieron asignar a cada centro de datos un presidente y un administrador. También plantearon que un vecino bajase la potencia cada vez que alguien pusiera el lavavajillas. En cada servidor colgaría un cartel: «Por favor, no reiniciar después de las once. Hay gente intentando dormir y una lavadora en centrifugado».
Mientras continúa el estudio, se recomienda a los ciudadanos que no se preocupen demasiado y carguen el teléfono solo hasta el 97 %. Según la Oficina de Contabilidad de los Electrones Imaginarios, basta para avisar por mensajería de que se ha ido la luz. Si hay un apagón nacional, aconsejan conservar la calma, abrir una ventana y preguntar al algoritmo más cercano dónde está el cuadro eléctrico.
El Gobierno seguirá pendiente de Irlanda, donde la estabilidad de la red se trata como una cuestión de disciplina aplicada a los centros de datos. España estudia si puede copiar el método sin que los servidores se ofendan, se muden a otro enchufe o pidan una pausa para la siesta.